Escribir cuentos o escribir en un blog: el nudo gordiano

¿Has vivido una de esas situaciones que son una encerrona? Una encerrona a mala leche, como ir a cenar a casa de tu cuñado cuando pensabas que ibas al cine con tu pareja. Al principio entras mirando hacia todos los lados buscando el camino más rápido hacia la puerta de salida, insinuando que no te encuentras muy bien y quizás debas marcharte… Pero lo cierto es que, según transcurre la noche y con un par de copas de vino, empiezas a sentirte a gusto, a disfrutar de la conversación, a participar en ella con aportaciones ingeniosas. Incluso un par de chistes de tu cuñado te arrancan una carcajada. Escribir en un blog cuando lo que realmente te gusta es escribir cuentos a veces se hace duro y no tienes más remedio que embriagarte de libros, armarte de palabras y buscar la salida más cercana. Por si acaso.

La semana pasada Gabriella Campbell puso negro sobre blanco algunas de las cosas que muchos pensamos. ¿Es necesario un blog de escritor? ¿Está el mercado saturado de escritores hablando de temas comunes y casi de la misma forma? ¿Estamos preparados para otro juntaletras abriéndose paso en el fácil sendero (nótese la ironía) de la publicación? La conclusión es que la blogosfera sí admite otro escritor siempre que su estilo sea inconfundible y fascinante, que no copie el material de otro colega y que le apasione escribir sobre creatividad y técnicas literarias.

escribir cuentos

¿Se puede escribir cuentos y tener un blog sin currártelo?

Se puede, pero vas a naufragar como el Titanic, y tú interpretarás a DiCaprio. SPOILER: al final se ahoga.

No pretendo aconsejarte sobre la necesidad o no de crear un blog. Para eso léete el artículo de Gabriella. Hoy quiero pensar en voz alta, escribir sobre las dudas que a veces me acorralan como escritor. Nada de consejos ni de trucos, nada de técnicas, nada de párrafos más o menos didácticos… Por ahí quiero empezar.

¿De verdad lo que publico tiene interés? ¿Aporta algo diferente? ¿Está bien escrito? Y lo esencial: ¿va a conseguir que venda más ejemplares de mi tercer libro de relatos? Porque mostrar al mundo tus habilidades y conocimientos, ir calando gota a gota en los lectores hasta empaparlos de emociones, de experiencias propias, mola más si luego compran tus libros. ¿Y tiene sentido? Quiero decir, ¿no sería mejor escribir directamente sobre mis libros, dar el coñazo promocionándolos todas las semanas o publicar cuentos (alguna vez lo hago)?

Esas dudas que erosionan mis huesos están siempre ahí, esperando un momento de debilidad para romperme una vértebra o provocarme un dolor intenso en las articulaciones. Entonces me tomo un trago de calcio, cuezo unas algas o abro una lata de sardinas y me dedico a escribir cuentos, que es lo que de verdad me renueva por dentro.

¿Y por qué me prostituyo? Me temo que el artículo de esta semana abre más interrogantes que cierra, pero a esta pregunta trataré de responderla. Ya sabes cómo funciona el ego de un escritor: es un globo que necesita hincharse de gas helio para volar alto. Mis dos primeros libros de relatos los leyeron un número razonable de personas, pero no el suficiente para llegar al cuarto piso. Ahora vivo ahí, en un cuarto sin ascensor, y necesito que me hinchen para subir aún más, que mucha más gente lea mis relatos cortos y los ensalce. Porque es lo que suele hacer quien se acerca a ellos, y sin chantajes de chuches. Lo juro (las chocolatinas no cuentan).

escribir cuentos
Escribir cuentos te hace la persona más feliz del mundo. Bueno, y beber café también.

¿Y cómo consigo más lectores?

Eso me pregunté hace poco más de un año. ¿De dónde saco una muestra mayor que me confirme las sospechas de que voy camino de convertirme en el mejor cuentista de mi generación, o al menos de mi piso (sí, vivo solo)? ¿O que pinche el globo y ponga mis pies en la tierra? La respuesta la encontré en MOLPE. La plataforma de marketing de Ana González Duque me abrió los ojos a un mundo del que conocía las generalidades, pero no los pormenores: la visibilidad online. Y mi vida no volvió a ser la misma.

“Si quieres vender libros tienes que trabajar la parte del marketing”, me chillaba una vocecita en el oído derecho. “Manda a la mierda esos sueños de autor de masas y reclúyete a escribir cuentos como el ermitaño que eres”, me susurraba otra desde el derecho.

No sé si es por las voces machacándome los oídos, pero a veces tengo vértigo. ¿Quién soy yo para dar consejos? NADIE. ¿Qué he hecho además de participar en varios talleres y cursos literarios y escribir desde los diez años? NADA.

Apenas cuento con un puñado de años más que otros y la experiencia que eso supone. El trauma del escritor impostor picotea la ventana en busca de su ración de alpiste. Lo siento, pájaro, esta semana las ventas de mis libros han estado flojas y no he comprado.

¿Y si alguien sigue mis consejos y se despeña por el desfiladero de la publicación? ¿O escribe un relato corto siguiendo mis indicaciones y le sale un poema de versos alejandrinos? ¿O simplemente pierde el tiempo leyendo uno de mis artículos? El tiempo, esa espada de Damocles al que sólo podemos vencer con los recuerdos.

Y he aquí otra china en el zapato, pero una de seis kilos: si todo el tiempo que le dedico al blog lo emplease en escribir cuentos, mi producción aumentaría a un ritmo más razonable. Pero, a pesar de maquinar artículos para escribir aunque no tengas tiempo, en casa del herrero cuchillo de palo. Bueno, no es cierto. Escribo a diario, aunque no los textos que me gustaría. Ahora mismo, el relato de un fisioterapeuta del Barça que sueña con masajear las piernas de Cristiano Ronaldo para lesionárselas, pulula por el limbo de las historias sin escribir porque este artículo se interpuso en su camino.

escribir cuentos
Si eres capaz de deshacer estos nudos en menos de cinco minutos, dominarás el mundo. La espada Excalibur del escritor que se debate entre escribir cuentos o escribir en su blog.

La parte positiva del blog

Una cualidad positiva sí hay que concederle al blog: te obliga a escribir a diario. La fecha de entrega al gestor de contenidos es implacable. Y pobre de ti como no la cumplas: los remordimientos no te dejarán dormir. Yo tengo que atiborrarme de Huesitos para sobreponerme. Si un martes no aparezco por aquí, rezad por mi estómago y mis ojeras.

Qué fácil era todo cuando no existía internet ni Amazon y te sentabas frente al escritorio a imaginar otras vidas para ti y unos cuantos allegados que tenían la suerte o la desgracia de leerte. No podías aspirar a mucho más, pero escribías. Qué complicada se ha vuelto la vida de un escritor ahora que los cantos de sirena de Amazon y otras plataformas de publicación te tientan con una repercusión inimaginable hace 15 años.

Escribir cuentos de corto alcance. O escribir cuentos, escribir en un blog y autoeditarte para conquistar el mundo. Esa es la cuestión y el nudo gordiano.

Concluyendo, que tendrás relatos que escribir o novelas que leer: compra mis libros de vez en cuando para que la vocecita que me chilla al oído “esto del blog no vale más que para producirte sinsabores” se calle de una maldita vez. O suscríbete a mi lista de correo para recibir contenidos exclusivos, la guía Concursator para participar en concursos literarios y para que te avise cuando publique artículos (o mi tercer libro de relatos). O déjame un comentario aquí debajo y confiesa que tú también le das vueltas a las mismas cosas. Se duda mejor en compañía. Y, pase lo que pase, no dejes de escribir NUNCA.

 

 

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4 comentarios en “Escribir cuentos o escribir en un blog: el nudo gordiano

  1. David, buen artículo. Comparto exactamente tu dilema pero te quiero decir que encontré tu blog recientemente y he encontrado mucha inspiración en el. Voy a buscar tus cuentos cortos y también espero leer el cuento del fisioterapeuta.

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