7 ideas para escribir un libro

Las ideas nacen debajo de las piedras. Lo sé, es un lugar común, pero como tal, una frase que se ha repetido hasta la saciedad porque es cierta. Las ideas en general, y las ideas para escribir un libro en particular, son infinitas. Sólo hace falta dedicar el tiempo suficiente a pensar en ellas. Y digo pensar porque, como ya te he contado en alguna otra ocasión, la inspiración es una trola muy gorda.

Una cosa importante: no vale almacenar ideas sin darles salida. Para eso no las tengas. Hay que tirar del hilo y ver hasta dónde nos llevan. Si al final es un punto muerto, al menos lo habremos intentado.

«La idea debe ampliarse con personajes, con marco, con ambiente. De lo que se trata es de vivir con los personajes en su marco durante un tiempo antes de escribir la primera palabra».

(Patricia Highsmith)

Ideas para escribir un libro: ¿qué necesitas?

Ganas de escribir. Si son intensas, el motorcito de tu cerebro se encenderá con más facilidad. Y la gasolina le durará más kilómetros. Has de enamorarte del proceso de escribir, que desees estar con él cuando no puedes y que disfrutes cuando estés inmerso.

Descansar. Las ideas para escribir un libro surgen con más facilidad si has dormido las horas necesarias. Yo aprovecho el alba para escribir, antes de que el peso de la rutina diaria atonte las pocas neuronas que me quedan vivas. Con diez de ellas escribo este artículo.

Mente inquieta. Las ideas surgen donde menos te lo esperas. Sólo hay que predisponer al cerebro para ello, mantenerlo alerta ante los diferentes estímulos que recibimos a cada segundo.

Un sistema de escritura portátil. Es decir, una libreta (con un bolígrafo), un móvil con la App ‘Notas’ o similares, un ordenador portátil, una tableta… Todo vale si permite escribir en su superficie mientras estás fuera de casa. Por cierto, un día se me ocurrió una idea sobre cómo escribir en la nube. Viene muy a cuento.

 

Siete ideas para escribir un libro

1. Apunta tus sueños

Hay un autor francés de comics, David B. (a quien deberías ir corriendo a leer si aún no le conoces), que de vez en cuando escribe y dibuja sus obras de ideas que extrae de los sueños. ‘Los complots nocturnos’ es un ejemplo de ello.

«Por la noche, mis sueños están llenos de complots, de persecuciones, de atentados. Policías, espías y bandidos me dan cita para extraños tiroteos. Aparece en mi inconsciente mi afición a las historias de gángsters y el sueño metamorfosea mi vida cotidiana en investigación policíaca. La recurrencia de estos temas me ha incitado a dibujar esos sueños. Me gusta su estructura caótica y poética. Me gustan sus lógicas misteriosas. Me gustan sus enigmas sin soluciones. Cada uno de esos sueños es un capítulo de mi novela negra».

David B.

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Los sueños son un lugar de imaginación poderosa en donde suceden muchas cosas. Sólo hay que estar atento para recogerlas y usarlas a nuestro favor. Te aconsejo que, junto al vaso de agua con la dentadura, dejes en la mesilla una libreta y un bolígrafo. Lo sueños se evaporan enseguida. Si al despertar recuerdas alguno, anótalo. Aunque sea una pesadilla. Nunca se sabe en qué puede llegar a convertirse.

Ejemplo: un minotauro controla el tráfico en el centro de una ciudad. Las infracciones las castiga enviando al conductor a su laberinto. Cada vez que uno viaja hasta allí, se sale la sopa de una cacerola que vigila una mujer con los ojos entrecerrados por el sueño. Esa sopa es el único alimento de los presidiarios del laberinto, que purgan sus pecados automovilísticos.

2. La prensa, ese pozo inagotable

¿Has (h)ojeado alguna vez las páginas de un periódico? Seguro que sí, no creo que seas tan joven como para desconocer la sensación del papel entre tus dedos. Hubo una época en que Madrid se podría recorrer saltando de quiosco en quiosco y casi sin rozar el suelo.

Hoy en día la prensa se lee a través de los móviles, pero para el caso es lo mismo. Los periódicos están llenos de noticias susceptibles de convertirse en relatos de ficción magníficos. En cada una de sus páginas puede saltar la chispa que encienda tu próxima historia. Un dramático secuestro, un artículo de superación personal, el típico dueño que muerde a su perro… Sólo tienes que encontrar la que se ajuste a ti. Y de paso aprendes cómo van las cosas en España y en el mundo, aunque no sé si te lo aconsejo. Pero esa es otra historia.

Ejemplo: la presidenta de una gran capital española falsificó los certificados de unos estudios universitarios y ahora se ríe de todos nosotros. Un thriller que acaba con una trama de imitadores de autógrafos en la cárcel y una expresidenta colocada por casualidad en una empresa energética.

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Si eres de los que sólo piensa en bombillas, a lo mejor deberías ver menor la tele.

3. Lee buenas novelas

¿A ti no te pasa que al leer te entran ganas de escribir? Estimulas el cerebro y por asociación de ideas, imitación o coincidencia, llenas un poco más esa libreta que poco a poco se va convirtiendo en un tesoro.

A veces, cuando leo una novela verdaderamente buena, tengo deseos de abandonarlo todo, pareja, hijo y trabajo, y dedicarme a escribir durante semanas hasta crear algo parecido a lo que he leído. Menos mal que el impulso no es habitual y aún no me he quedado solo en la vida persiguiendo una quimera.

Ejemplo: leyendo ‘La metamorfosis’ de Kafka se te ocurre un relato sobre un tipo que despierta junto a un dinosaurio. Cuando te das cuenta de que ya existe, cambias el dinosaurio por un señor que ronca mucho y describes así tu propia historia.

4. Reescribe cuentos clásicos

Escribir es narrar historias que ya han sido contadas, pero de otra manera diferente. Todo está inventado. Incluso la pizza de chocolate. La clave está en tener un estilo propio y darle una vuelta de tuerca más al texto.

Quim Monzó tiene varios relatos en los que reescribe cuentos clásicos. ¿Por qué vas a ser tú menos que Quim Monzó? Coge ‘Caperucita Roja’ o ‘Los Tres cerditos’ y adáptalos a los tiempos modernos. Te servirán como ideas para escribir un libro.

Ejemplo: una instagramer que cruza la ciudad con una cestita de productos que le han regalado por ser influencer. En el camino se topa con uno de sus haters que intenta robársela. Consigue esquivarlo y llegar a casa de su coach personal, con el que se hace un selfie que publicará más tarde para reventar su perfil a visitas.

También puedes coger una película y moldearla de manera que quede totalmente diferente. O una novela. O un videojuego. O el prospecto de una medicina. Si consigues esto último, avísame.

5. Escucha diálogos en el Metro o en el autobús

Hoy en día no es muy difícil. La gente va gritando en los transportes públicos. No tiene vergüenza. No se corta ni con un cuchillo. En mi época el silencio era uno más de los pasajeros, pero ahora es difícil no conocer escenas ajenas a poco que afines el oído. Ahí tienes mil historias tan grandes como la vida misma. Y una forma de aprender a escribir diálogos.

Ejemplo:

–Tía, que rollo de profe.

–Ya te digo. Hoy no me ha dejado salir a mear, la hijaputa.

–Joder, tía. Pues ella sí que va al servicio. La semana pasada la pillé hablando por el móvil mientras meaba.

–Cuenta, tía.

–Yo creo que era con su novio, tía. Qué pasada cómo sonreía todo el rato. Se la notaba feliz.

–La voy a joder. Mañana pienso mascar chicle para amargarle el día. Hasta que me eche de clase. 

–Jo, tía, qué ovarios tienes.

–Los que me fabricó mi madre, tía.

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No te olvides de enchufarte a la corriente para que las ideas fluyan mejor.

6. Pídele a tus abuelos o a tus padres que te cuenten historias familiares

Son un filón. ¿Sabías que hace 50 años no existían los videojuegos? ¿Y que sólo había dos canales de televisión? ¿Y que internet todavía no había cambiado el mundo?

En todas las familias hay historias de las que sacar ideas para escribir un libro. Mi madre lleva años empeñada en sentarse conmigo y empezar a transmitirme las anécdotas familiares. Nunca encuentro el momento para hacerlo, pero si tengo en cuenta lo poco que sé, debería sacar material de ahí como para escribir un par de novelas.

Ejemplo: mi abuelo creó una compañía de teatro con la que recorría el país. Un tío de mi madre se suicidó por amor. Mi abuela paterna era comadrona además de sargento frustrada. Mi bisabuelo medía casi dos metros y murió con cien años a pesar de vivir una guerra y una posguerra en la que se alimentaban poco y mal (y no pertenecía precisamente al bando ganador).

7. Transpórtate a la infancia

Como haría Marcel Proust, cómete una magdalena, o una mandarina, o huele el perfume con el que se rociaba tu madre. A mí me funciona la música. Es escuchar determinadas canciones y me transporto a escenas de mi infancia con una intensidad tal que puedo recrearlas como si estuviera allí.

Las infancias son otra fuente de ideas para escribir un libro. Por patéticas o por heroicas. Por anodinas o por fascinantes. Y porque generalmente tenemos muchas cuentas pendientes con ella y escribir un relato nos ayuda a superarlas.

Ejemplo: ¿contigo también se inventaron un mote en el colegio? En mi caso se lo puse muy fácil, con ese apellido tan peculiar: Generoso. Me pasé media infancia acudiendo al nombre de Tacaño y regalando mis bocatas en el recreo para compensar esa supuesta falta de generosidad. Malditos desgraciados. Si tuviera delante a mis compañeros del colegio les cantaría las cuarenta. Y les cocinaría una tortilla de patatas. Que me salen muy ricas.

¿Se te ocurren más ideas para escribir un libro? Déjamelas en los comentarios.

 

Quizás te interesa saber que acabo de publicar una nueva colección de relatos cuyo hilo conductor es el olvido y la memoria. Puedes hacerte aquí con él.

 

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