Probablemente estés aquí porque te interesa escribir historias. O porque te apasiona. 

Ya tenemos algo en común, además de compartir la atmósfera de este mundo de locos maravillosos.

Mi nombre es David, y llevo más de treinta años escribiendo relatos cortos, novelas, microrrelatos, contenidos para internet, cartas de (des)amor…

Si te interesa conocer un par de trucos para escribir mejor, apúntate a mi lista de correo.

Te das de alta por tu cara bonita y de baja cuando te apetezca por tu bonita cara.

Te voy a contar una historia de amor (todas las historias son de amor).

Nací con un pan debajo del brazo y un fórceps en mi cabeza porque mi madre, la pobre, ya no daba más de sí.

Aprendí a leer y a escribir pronto, a los tres años. Mi madre quería lo mejor para mí pero, sobre todo, había traído al mundo a otros dos seres y necesitaba una mano y dos ojos para contarles historias que los derrotasen sobre la cama.

Y, entre cuento y cuento, me enamoré.

Yo también quería escribir historias como las de aquellos libros. Y emocionar a lectores igual que a mis dos hermanos. O a mi madre, cuando le decía que ya se habían dormido.

Si tú también adoras crear historias, apúntate a mi lista. Además de aprender a escribir relatos cortos a los que no debería poner ni una pega tu propio cuñado (aunque ya sabes, él siempre lo haría mejor), te regalo un pdf con más de cien editoriales que admiten manuscritos. Y por tu cara bonita (o fea).

Con los años aprendí que a escribir se aprende escribiendo. Ojo, no literalmente: a escribir se aprende en el colegio. A escribir relatos sí que se aprende escribiendo, equivocándote muchas veces, corrigiendo, volviendo a corregir…

Leer, escribir, leer, escribir y corregir.

Esa es la clave.

Ernest Hemingway, alguien con una calidad literaria nada sospechosa, ya decía que la papelera es el primer mueble en el estudio del escritor. Y que el borrador inicial de cualquier historia es una mierda. Claro, que también soltaba lindezas como que bebía para que la gente fuera más interesantes. Lo bueno de tener juicio propio es que puedes elegir con lo que quedarte de cada persona.

Apúntate a mi lista y escribirás más. Y lo sé porque te mandaré tantos concursos literarios que no tendrás más remedio que crear historias para participar en ellos.

Cosas que te pasarán si te apuntas a mi lista de correo:

  • Recibirás uno o dos correos a la semana con trucos y consejos para escribir.
  • Te llevas por tu cara bonita (o fea) un archivo pdf con editoriales que aceptan manuscritos. Por si te apetece probar suerte con todos los relatos que escribirás (si te lo curras, claro).

  • También conocerás la historia de cómo escribir relatos cortos me salvó de la muerte.

  • Otro regalo (sí, mi nombre es David Generoso por algo): Concursator, una guía para dejar todo a punto antes de mandar tu relato a un concurso literario.

  • Me convertiré en tu camello. Muchos de los suscriptores que me leen desde hace años, me han confesado que mis correos enganchan.

  • Aprenderás cómo el humor hace la vida más fácil. Y las historias son más atractivas. Y los malos tragos se convierten en elixires.

  • Y recibirás montones de propuestas de concursos literarios.

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