Cuentos cortos para adultos: radiografía del proceso creativo

¿Cuántas veces te has planteado contar una historia y no has pasado del primer párrafo? ¿O has superado el primer párrafo, pero has pensado «madre mía qué de basura he soltado»? Recuerda, al menos, arrojar la historia al contenedor de papel para no contaminar más. ¿Quieres escribir cuentos cortos para adultos y no sabes ni por dónde empezar? Estás en el artículo adecuado. ¿Por cuentos cortos para adultos entiendes pequeños relatos pornográficos? Yo una vez escribí una escena de sexo salvaje entre un caniche y un gato, así que también puedes quedarte.

¿Por dónde empezamos a escribir cuentos cortos para adultos?

Lo primero es abrir la mente y encender la linterna del móvil para buscar en ella una frase de la que tirar. Imaginemos que es:

De todas las mujeres del mundo, elegí a Teresa por los dientes perfectos que asomaban tras su sonrisa.

No tiene que ser una frase perfecta, solo una que nos llame la atención o que nos evoque algo, o que dé juego. Para comienzos perfectos, los del artículo 11 inicios de relatos que debes leer una vez en la vida. Y si quieres mejorar el proceso, lee Tres errores al comienzo y al final del relato corto. 

Muy bonito. Y ahora, ¿qué?

Podemos usar técnicas creativas que facilitan la fluidez, como la escritura automática. Suelta lo que tengas dentro, sin filtro, ese ya se lo pondrás después.

A mí me han llamado la atención los dientes perfectos de Teresa, y seguiría por ahí.

Parecían piezas de Lego de color blanco. En cierto modo, la cara aniñada contribuía a esa impresión. Eran los dientes mejor colocados que había visto en mi vida.

No voy a negarte que el haberle dedicado muchas horas a escribir, ayuda en el proceso, pero la intuición también sirve en estos casos.

¿Y si lo que estoy escribiendo es una mierda?

¡Meeec! Error, con mayúsculas. Primero, por menospreciar tu trabajo. Además, no es momento de plantearte si lo que estás creando se parece más al emoticono de la caca que al de la flor —aunque en el estiércol nacen flores preciosas—. Ya llegará la fase en la que harás valoraciones sobre el texto. De momento, sigue. A mí me ha inspirado el hecho de que Teresa parece una niña.

Teresa navegaba entre las aguas de los veintipocos, aunque podías confundirla con una de catorce si te cruzabas con ella una tarde a la salida del instituto.

He reforzado el concepto de los catorce con la idea de que, rodeada de adolescentes, no se distinguiría. Y aquí me surge una duda: ¿avanzo por lugares tranquilos o le doy una patada a la historia y convierto al narrador en un Humbert Humbert?

El tema en los cuentos cortos para adultos

El tema puede florecer en cualquier instante de la narración. O, quizás, esté predeterminado. O, incluso, surgir en el momento de la revisión. En el relato que estamos escribiendo juntos ya ha aparecido. Pero no lo desvelemos todavía.

El calor interno que me producían aquellas tarde verano no se aplacaba ni con bolsas de hielo aplicadas sobre mi cuerpo.

No todos los temas tienen por qué gustarnos. Ni los personajes. A algunos de ellos les negaríamos el saludo si nos los cruzamos por la calle. Aunque sean nuestros hijos.

¿Cómo saber si lo que escribo tiene algún valor?

Hay algo que se llama tablas, y que te las dan con los años de experiencia. Es como una licenciatura en carpintería aplicada a cualquier oficio, una especie de ojo de lince que distingue lo bueno de lo malo, lo práctico de lo absurdo.

Pero también están las visiones externas, las críticas al texto que arrojamos al mundo. En cualquiera de los casos, no podemos interrumpir el flujo creativo más que para ir al servicio. Los cuentos cortos para adultos exigen de una dedicación intensa durante un tiempo concreto. Como hacer el amor con el texto.

Cuando le lancé mi propuesta, justificándola en su impoluta dentadura, Teresa se ruborizó. Sus mejillas parecían fresones a los que mordisquear.

cuentos cortos para adultos

Y esto, ¿cuándo se acaba?

Eso lo decides tú… Ja, ja, ja. Ojalá. Normalmente, el texto te exprime el cerebro hasta que le da gana. No te suelta ni por otro hueso, por mucha carne que prometa. Y malo sería si no lo hiciera, porque entonces el valor literario se acerca peligrosamente a cero.

¿Alguna vez te has obsesionado con un autor y no has dejado de leer su obra hasta completarla? Redacciones del colegio incluidas.

Escribir debería ser siempre así, un ejercicio absorbente hasta dar con la explicación a por qué esos personajes han decidido aparecer en nuestra página en blanco, por qué se han cruzado en el ejemplo que buscabas para ilustrar el artículo.

Teresa acarició mi pelo en un gesto que mi adolescencia interpretó de una forma opuesta a sus intenciones. Ella era una diosa del Olimpo y yo su súbdito más fiel.

El cartelito de «FIN»

¿Cuándo lo colgamos? Miles de páginas se han escrito sobre el tema. Ríos de tinta que han arrastrado a eruditos hacia un mar oscuro y profundo lleno de calamares.

Hay mucho de instintivo en el proceso. Soy de los que piensa que a escribir se puede enseñar, pero a cerrar relatos cortos, es más difícil.

Yo aprendí con miles de horas de vuelo. Quizás el talento intervenga en la ecuación –quiero pensar que algo de matemático tengo, pese a ser de letras puras–. Estoy seguro de que tú lo tienes.

Intentaré explicarte lo que siento cuando doy con el final de una historia: un orgasmo inesperado, una luz que se enciende tras un buen rato buscando el interruptor, un sabor nuevo que explota en el paladar, una tecla que redondea la partitura, un te quiero de la persona adecuada.

Si estás enfocado en la trama, tarde o temprano das con el camino que te lleva al tesoro. Ya solo te queda excavar y disfrutar del cofre.

También puedes ser un escritor de mapa, más aburrido, pero más seguro. El final está desde el principio.

En mi caso, no tengo ni idea de cómo voy a terminar este relato escrito a trompicones. Me pongo a ello.

Teresa formó parte de mi vida durante quince minutos. Justo los que tardé en rozarle el culo y ella en avisar a mi madre, que buscaba un pantalón corto para mí en la estantería del fondo. No nos hizo descuento.

¿Y ya está? ¿Esto es lo que ha dado de sí el artículo cuentos cortos para adultos?

En realidad, no. En función de ese final impactante, deberías hacer ajustes en el resto del texto. Yo los he hecho. Confieso que, en un primer arrebato, el adolescente no era tal adolescente, sino un señor con inclinaciones sexuales cuando menos dudosas. Pero al final me pudo el humor. Ese giro se lo apliqué en el último párrafo. Y tuve que adaptar el resto.

¿Habría sido mejor un final en el que el protagonista, adulto, terminase con Teresa? ¿Un final abierto a la imaginación de cada uno? La intuición me dice que no. Y la intuición está basada en la experiencia. Al menos en mi caso. Ahora, por ejemplo, me está diciendo que termine el artículo. Justo aquí.

Posdata

A la mierda la intuición. Tenía que darte un último consejo. Cuando termines el texto, corrígelo. Mira el artículo Corregir textos (y un truco para hacerlo mejor). Te ayudará.

 

 

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“TR3S. Cómo olvidar lo inolvidable y otros relatos para recordar” es un conjunto de historias que pertenecen a la narrativa breve. En ellas hay de todo: perros hambrientos, un cadáver incómodo, un asesino condenado a vender seguros por las casas, un amor de ciencia ficción, besos robados, un detective torpe acosado por lectores de Amazon, juegos literarios, rupturas dolorosas, padres que son hijos, hijos que son padres… Y humor. Puedes hacerte aquí con él.

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