Cinco cuentos infantiles que te ayudarán a escribir mejor

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¿Tienes hijos? ¿Sobrinos? ¿Los vecinos te dejan a menudo a su retoño para escaparse a cenar? ¿Escondes en el sótano a un pequeñajo ajeno a tu sangre al que debes contentar para que no grite y la policía te descubra? ¿Al niño que llevas dentro le gusta salir a airearse? Si has respondido afirmativamente a alguna de las preguntas, este artículo es para ti. En él pretendo actualizar cinco cuentos infantiles. Y, de paso, demostrarte que, incluso partiendo de ideas muy trilladas, es posible crear relatos diferentes.

Para escribir hay que plantearse nuevos retos. Continuamente. No podemos cerrarnos a ninguna experiencia. La mitología está llena de posibilidades. Y los cuentos para niños. Y los folletos del Mercadona. En donde se junten varias palabras existe la posibilidad de que salte la chispa. Ojo, con trabajo. Recuerda que la inspiración no existe.

 

Los Reyes Magos

¿Cómo adaptamos a nuestro tiempo esta historia de magos, camellos, reyes, bebés en pañales y estrellas fugaces?

Si quieres que un niño se la crea, cuéntale que eran tres magos que venían de Hogwarts montados en escobas mágicas. Que buscaban al bebé Harry Potter con la intención de hacerle tres regalos: tres poderosos hechizos que cambiarían su vida para siempre. Pero que al descubrir la mansión en la que vivía, y enajenados por la envidia, invocaron un rayo que la convirtió en una chabola en ruinas y atravesó al niño, que sobrevivió de milagro.

Se corrió la voz de que había nacido un bebé especial y muchos artistas esculpieron su imagen o la pintaron en enormes óleos. Con los años se escribieron miles de páginas acerca de él. Especialmente memorable es la versión de una tal J. K. Rowling. Cuando se acabó el talento entre los guionistas de Hollywood, se rodaron casi una decena de películas basadas en su vida. Y la religión Potteriana ha dominado el mundo desde entonces.

Hoy en día hay gente que conmemora aquellos acontecimientos del 24 de diciembre, y deja la puerta entreabierta esa noche por si la magia se cuela por ella y hace maravillas en el salón de su casa.

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En cualquier momento el ratón se meterá por la trompa del elefante y hará jaque mate.

 

El Ratoncito Pérez

Érase una vez un reino digital que lo abarcaba todo. Y en él, un ratón inalámbrico al que se le agotaba muy deprisa la batería. Sus creadores habían probado infinidad de métodos: desde pilas Duracell hasta batidos energéticos o descargas eléctricas. Pero nada impedía que, cada noche, cuando los teléfonos móviles marcaban las doce, el ratón se apagase.

Un día, un valiente pirata informático prometió al Padre Creador dar con la solución a cambio de un millón de bitcoins. Y en una charla distendida con los circuitos del ratón, llegó a la conclusión de que el roedor necesitaba calcio para sus enormes dientes. Se adentró entonces en la guarida de un niño humano armado con un hilo y una flamante PlayStation 4 para jugar en los ratos libres. Abrió su boca muy despacio, enrolló el hilo a un premolar que ya bailaba y pegó un tirón. Recogió el enorme diente del suelo, pero se dio cuenta de que no podía llevarse también la consola. Y la dejó allí.

A la mañana siguiente el niño pegó un chillido que se escuchó en la otra punta del planeta. Y el ratón inalámbrico absorbió el calcio del diente y ya nunca dejó tirados a sus creadores en medio de una partida online de League of Legends.

 

El Hombre del Saco

Otro mito con el que pretendemos aterrar a los niños. ¿De verdad hoy en día se van a tragar que un hombre con un saco a la espalda va a venir a llevárselos si no se terminan lo que hay en el plato?

Amenázale con enviarle un virus informático que vuelva su mundo del revés. Un virus que estropee sus juguetes tecnológicos, que convierta su consola Wii en un Spectrum 48k. Un virus que atrofie la App de Pokemon Go para que vaya recogiendo flores en las plazas de todas las ciudades. Eso sí le asustará. Ojo: asegúrate de que no es un pirata informático en sus ratos libres u olvídate de usar el whastapp de forma segura o de pagar los billetes de RENFE al precio que supuestamente contrataste en su página web.

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Bordes de acantilado en forma de manos gigantes. ¿Quién no ha aparcado su globo aerostático un domingo en ellas?

 

El abuelito está en una estrella

La muerte hay que enfrentarla de cara y con naturalidad. Nada de viajes interplanetarios o paraísos en los que vete tú a saber cuanto cuesta la entrada.

Hijo, el abuelito descansa bajo un par de toneladas de tierra. Es lo que sucede cuando el cuerpo falla y ya no le sirven las piezas de repuesto ni un engrasado. Pero no te preocupes, unos gusanos vigilan el territorio y antes se comerán sus restos que permitir que se echen a perder.

No sufras por su alma. Se ha transformado en recuerdos y siempre estará con nosotros. Y puedes quedarte con su bastón para disfrazarte de Gandalf.

¿Qué niño no aceptaría este cuento? Como mucho preguntaría si bajo tierra hay conexión wi-fi.

 

Cuando seas mayor, comerás huevos

La típica respuesta que soltamos cuando queremos evadir una explicación a determinadas actitudes adultas. ¿Pero es que no come huevos un niño?

—Papá, ¿por qué yo no puedo beber un vaso de coñac como tú para luego decir tonterías?

—Porque ya las dices sin necesidad de ayuda química.

—¿Y fumar? Me encantaría levantarme por la mañana y escupir mocos verdes del pecho, como tú.

—El tabaco está prohibido en el colegio. Y vale una pasta que no tienes.

—Entonces quiero ver películas porno en el ordenador.

—Esto… Hijo, cuando seas mayor comerás huevos.

Ejem. En determinadas ocasiones los cuentos infantiles deben terminar igual que la fuente de inspiración. Por muchas vueltas que le demos a la historia, la solución original es la única válida. Aunque en el camino daremos con algunos tesoros que enriquecerán la historia.

¿Y tú? ¿Qué cuento infantil reescribirías y cómo?

 

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