Cuento de San Valentín

Seré breve. Stop. Lo que vas a leer a continuación es un cuento de San Valentín. Stop. Ya sabes: amor, regalos, cenas románticas y flores. Stop. Aunque quizás sea otra cosa. Stop. Tendrás que averiguarlo leyéndolo.

Aquí empieza el cuento de San Valentín

Ella deseaba que llegase San Valentín con cara de pánfila. Un mes remarcando los días en el calendario de la cocina con el dibujo de un corazón. Disfrazaba la realidad guisando esperanzas.

Él odiaba San Valentín y lo que suponía: salir a cenar, buscar el regalo perfecto que no lo sería, besar más de lo habitual a su pareja y hacer el amor hasta que saliera el sol. Le encantaban esas actividades, pero de forma espontánea y no obligado porque lo dictaba El Corte Inglés. Aunque la falta de un cómplice tampoco ayudaba.

Ella planeaba hasta el último detalle del catorce de febrero. Una niña con juguete nuevo, dotándolo de voz y movimiento, de alma y gracia. Como había visto hacer a su madre. Ella le había transmitido la ilusión por los pequeños detalles, ir sumándolos hasta lograr una montaña de afecto en la que refugiarse cuando el viento soplara en contra. Pero lo suyo fue un tornado.

En San Valentín, él buscaba refugio en su casa del pueblo. Aislado del mundo exterior, de estímulos que le recordasen la soledad forzada con la que convivía.

Ella había huido un año atrás. Metió en una maleta la ropa imprescindible, abandonó la cárcel en la que vivía y dio a parar a un pequeño pueblo aislado del mundo exterior.

Él desayunaba en la terraza, con vistas a un valle que quitaba la respiración. Cada mañana recibía la visita de un par de ardillas y más pájaros de los que podía contar. Seres humanos, cero. Hasta aquel San Valentín.

cuento de San Valentín
¿Quién no ha jugado a las tres en raya y se ha enamorado al mismo tiempo?

Ella recogía flores a diario en el valle, rodeada de árboles, ardillas y aves. Seres humanos, cero. Hasta aquel día de San Valentín en el que vio a lo lejos una figura masculina sentada a una mesa.

Él sonrió, aunque sospechaba que ella no vería su sonrisa desde aquella distancia.

Ella sonrió sin esperanza de que le llegara el mensaje.

El sol destelló en los dientes de ambos, que deslumbraron al otro. Para siempre.

Él dejó el desayuno a medias y se encaminó hacia la fuente de luz.

Ella detuvo la recolección de flores y anudó en un ramo las que ya tenía. Para ti, le dijo cuando se acercó lo suficiente. Feliz San Valentín.

Y se abrazaron adelantándose al futuro, como si ya llevaran toda la vida juntos.

 

 

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