25 libros que no he leído

Hoy pretendo hablar de libros, pero no de los que me han apasionado, ni siquiera de los que me han dejado un mínimo poso. Hoy quiero hablar de los libros que, por una u otra razón, todavía permanecen vírgenes en la estantería. Son clásicos en su mayoría, es decir, que el paso del tiempo ha convertido en lectura obligatoria. No voy a referirme a betsellers o a pelotazos ocasionales que en unos años estarán más olvidados que el Dúo Sacapuntas.

Estoy convencido de que, a la hora de moldear el carácter de una persona, influyen los libros que han llegado a sus manos y ha procesado en un ejercicio más o menos intelectual. Los escritores vamos un paso más allá: las lecturas nos forman y nos definen. No es lo mismo haber leído las obras completas de Stephen King que las de Paul Auster, los relatos de Borges que los de Quim Monzó, las aventuras de los Cinco que las de Harry Potter, las novelas gráficas de Joan Sfar que las de Ibáñez…

¿Y qué sucede con los libros que no hemos leído?

¿Influyen en nosotros? ¿Contribuyen al vacío que nos rodea y por el que muchas veces paseamos? El otro día, buceando por internet, llegué hasta el relato que una amiga, Lupe de la Vallina, grandísima fotógrafa, publicó en el blog de Daniel Capó (por cierto, aquí tenéis mis muñecas listas para esposarlas porque he plagiado parcialmente el título de su artículo). Desde que lo leí, no dejo de darles vueltas a la idea de cómo nos afectan los libros que no hemos leído. Y con la reflexión he llegado hasta aquí.

25 libros que no he leído
Agudeza visual: ¿cuántos libros de los que aparecen en esta foto no te has leído?

En un nivel superficial, y seguramente absurdo, se me ocurren varias maneras en las que los libros no leídos nos influyen:

  • Podemos emplear el tiempo que habríamos tardado en leerlos a, por ejemplo, darnos un curso de cocina. Una alimentación adecuada contribuye a que vivamos muchos más años.
  • El dinero que nos hemos ahorrado en no comprar “En busca del tiempo perdido” ayuda a pagar un par de sesiones en un psicólogo que lo mismo nos cambia la vida. O en un entendido en chakras que nos desbloquee unos cuantos y veamos el ojo de Dios o lo que sea que se ve cuando te abren los chakras. O en comprar decenas de paquetes de magdalenas que nos alegren el desayuno.
  • No hojear el “Ulises” de James Joyce nos evita decenas de dolores de cabeza tratando de descifrar los pensamientos rutinarios de Leopold Bloom.
  • Las horas que habríamos invertido en la saga de Harry Potter podemos dedicarlas a convertirnos en el nuevo Juan Tamariz, que tiene mucho más mérito porque no se ayuda de efectos especiales. Y encima tiene pelazo.
  • Que sí, que la nueva novela erótica de la escritora de “50 sombras de Grey” te llevará a lugares inimaginables, pero es que yo estoy muy a gusto en mi casita y no me sacan ni a bajar la basura.

Cada uno tiene su propia lista de los libros que no ha leído y que le han influido no influyéndole. La mía es esta, he de reconocer avergonzado.

25 libros que no he leído

  1. En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. ¿De verdad hay alguien que se haya leído los siete tomos sin un arma apuntándole a la cabeza?
  2. La segunda parte de “El Quijote de La Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra. Que alguien le diga a los perpetradores del sistema educativo que con 12 años no es la mejor edad para afrontar tamaña novela.
  3. 1080 recetas, de Simone Ortega. Cocino de oído, con recetas transmitidas de madre a hijo.
  4. Guerra y paz, de León Tolstói. Yo soy más de período de entreguerras.
  5. Cualquier novela oriental. He leído a Yoshihiro Tatsumi, a Jiro Taniguchi, a Osamu Tezuka… Excelsos autores mangaka, pero novelas, cero.
  6. La odisea, de Homero. Tan sólo he visto los dibujos animados de “Ulises 31”.
  7. Orgullo y prejuicio, de Jane Austen. Y no por orgulloso ni prejuicioso.
  8. Frankenstein, de Mary Shelley. Está en mi lista de pendientes, muy arriba, lo prometo.
  9. Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski. Todos los días me castigo por semejante crimen.
  10. Rayuela, de Julio Cortázar. Por esto sí que me flagelo. Está justo en la línea anterior a “Frankenstein”.
  11. Moby Dick, de Herman Melville. En mi defensa añadiré que he leído esa otra obra maestra del mismo autor que es “Bartleby el escribiente”.
  12. Oliver Twist, de Charles Dickens. Soy demasiado sensible para ver a niños sufrir.
  13. Los miserables, de Victor Hugo. Y a un pueblo entero, también.
  14. Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Insistieron tanto mis profesores de la Escuela de Letras de Madrid, que su inclusión en esta lista ha sido un poco por rebeldía estudiantil.
  15. Lolita, de Vladimir Nabokov. Llegué a la mitad, y la abandoné obligado por el estómago revuelto ante las andanzas de Humbert Humbert.
  16. Drácula, de Bram Stoker. Generalmente maltratada por el cine, aún he de darle una oportunidad, ajos mediante.
  17. Las 1001 noches. No consigo leer en la cama, caigo dormido enseguida.
  18. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. Para este olvido no tengo ninguna excusa.
  19. La montaña mágica, de Thomas Mann. Nunca he tenido crampones.
  20. Rojo y negro, de Stendhal. No soy muy de apuestas. Y con la corriente ludópata que hay ahora mismo, menos.
  21. Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Me impactó tanto la película de John Ford, que no quiero manchar su memoria con una novela que sé que la superará en todo.
  22. Romancero gitano, de Federico García Lorca. Confieso que la poesía es mi punto débil.
  23. Ulises, de James Joyce. Leí un par de episodios y terminé con las reservas de gelocatiles de las farmacias del barrio.
  24. El Decamerón, de Giovanni Boccaccio. Sin embargo, de Camarón lo he escuchado casi todo.
  25. 2666, de Roberto Bolaño. Empecé a leerla en formato digital. Mi vista cansada provocó que sus 1.126 páginas se convirtieran en 5.000 y mi cerebro cayó en una depresión de la que aún no me he recuperado.
25 libros que no he leído
Mírale al pobre libro, ahí, abandonado. Está diciendo “léeme”.

Podría seguir un rato más. O muchos ratos más. Y seguro que tú también. Todos esos libros que no hemos leído llenan ese vacío literario que siempre estará ahí, llamándonos en noches de vigilia, y que nos definen como escritores (y lectores) por la falta de sus enseñanzas. Por cierto, también hice una lista con 31 libros que leer antes de morir.

Hay tres soluciones desde mi punto de vista:

  • Seguir lamentándote por ello. No conciliar el sueño por los remordimientos al ver esas decenas de miles de páginas bailando a tu alrededor.
  • Asumir que el tiempo no se estira como un chicle y que nunca leerás ni el 10 % de los clásicos que deberías.
  • Hacer ahora mismo tu propia lista y lanzarte en busca del tiempo perdido.

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