Mi papá es un superhéroe

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Mi papá es el mejor padre del mundo. Siempre que llega a casa me da un abrazo y un beso. Aunque esté enfadado o triste por cosas de mayores, como estos días. Me encanta cuando me frota la cabeza con su mano. Es como un terremoto de caricias. Lo que no me gusta es que me laven el pelo al bañarme. Creo que se me va su olor.

Mi papá es muy listo y me explica todo lo que le pregunto. Y si no lo sabe se lo inventa, que es más divertido. Dice que los superhéroes existen. Son personas como él y como yo con el poder de enfrentarse a los problemas y hacer felices a la gente de su alrededor. También dice que el oso hormiguero era una hormiga chiquitita que se comió un tarro de miel y del empacho se puso a hibernar. O que los aviones vuelan porque en los motores llevan miles de aves moviendo las alas. O mi preferido: que hay que comerse en silencio el tomate frito porque está dormido.

Mi papá y yo hablamos mucho de superhéroes. Pero no de los que son como él y como yo. Hablamos de los que llevan trajes chulos y vencen a los malos con súper poderes. Mi favorito es Batman porque tiene la Batcueva, el Batmóvil y un traje negro genial.

Ahora que cuenta con más tiempo mi papá se sienta a mi lado a hacer los deberes. A veces me atasco con las multiplicaciones y él me ayuda. Aunque le cueste mucho rato. Tiene mucha paciencia conmigo.

Mi papá también me dice lo que está bien y lo que está mal. Se pone un poco pesado con eso, pero por las veces que me lo repite debe de ser muy importante. Como lo de que me termine toda la comida que hay en el plato o que me cepille los dientes después.

Todos los sábados vamos al cine. Bueno, ahora no tanto. A la entrada mis padres me compran un paquete de palomitas y unas pocas chuches. Como ya me sé los números soy el encargado de encontrar los asientos. Cuando era pequeño me daba miedo si apagaban las luces del cine. Ya no porque ahora soy un mayor de ocho años. Al final de la película nos quedamos hasta que pasan todas las letras porque a veces hay más dibujos. El sábado es mi día favorito de la semana.

De vez en cuando me porto mal y no quiero dejar los videojuegos. Entonces mi papá se enfada, le salen arrugas en la frente y se le abren mucho los agujeros de la nariz. Menos mal que si le digo que parece un toro se ríe a carcajadas y se le pasa. Aunque el castigo no me lo quita nadie. Estos días se ríe menos y se enfada un poco más. Pero todavía funciona lo del toro.

Últimamente mi papá se viste muy elegante por la mañana. Luego da un beso largo a mamá, otro más corto a mí y se va a la calle a comerse el mundo. Eso dice él. Aunque seguro que se le atraganta porque llega a casa con la chaqueta arrugada y el cuerpo encogido. Eso sí, cuando me ve se pone recto, se le dibuja la sonrisa más grande del mundo y me frota mucho rato la cabeza.

Hoy mi mamá me ha contado que a papá le despidieron hace semanas del trabajo. Que por eso algunos días está más triste. Entonces he recordado todas las veces que me ha sonreído sin tener muchas ganas. Y he comprendido que es un superhéroe de verdad, uno de esos que hacen felices a la gente de su alrededor. Y he corrido hacia él y le he dado el súper abrazo más fuerte del mundo.

 

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