Yo morí hace diez años

Yo morí hace diez años

Yo morí hace diez años, pero no me da la gana largarme de esta casa. Acumulo demasiados recuerdos en esas estanterías. Guardo momentos en cada uno de los rincones de las habitaciones, como pelusas que se encadenan a los rodamientos huyendo del aspirador. Atesoro frases pronunciadas aquí y allá, hechizos que impiden que desaparezca. Y además, está Sara.

Sara murió en vida hace diez años. Después de mi defunción, ella sobrevivió a base de ansiolíticos, píldoras para dormir, calmantes, drogas blandas y una hora de terapia los viernes. Amigos y familia trataron de levantarla del suelo, del sótano más bien, pero se estrellaron contra una puerta de cerradura inquebrantable. Mi mujer se encerró en su mundo, en nuestro mundo, y desde entonces sólo habla conmigo, con mis fotografías, con la idea de lo que fuimos.

Yo morí hace diez años, pero no deseo abandonar esta casa. Mi cuerpo ha paseado tantas veces por ella, que ahora está impregnado en sus paredes, unido irremediablemente a sus techos, obligado a vagar por sus pasillos y habitaciones, como una presencia fantasmal de película de serie be. Además, no hay baldosa del suelo sobre la que no haya poseído a mi mujer.

Sara murió en vida hace diez años. Cuando borraron mi nombre del contrato hipotecario y del buzón del portal, ella visitó a una médium, una cantamañanas que trajo a mi hogar un montón de aceites, velas y amuletos e intentó comunicarse conmigo. Yo me callé. Pude hablar, pero el silencio me pareció más oportuno. Nunca me ha gustado la gente que trafica con sentimientos ajenos. Y además, Sara no se merecía que le diera esperanzas.

Yo morí hace diez años, un estúpido accidente en la bañera de mi casa. Qué fácil es desnucarse cuando la suerte no está de tu lado. Sara escuchó el golpe desde la cocina y del sobresalto, imagino, se debió de salpicar aceite hirviendo en la mano. Mientras mojaba sus dedos con el agua helada que caía del grifo, sigo elucubrando, y embalsamaba su brazo con un rollo de papel absorbente, yo me ahogué en la bañera. Y a ella le tocó enfrentarse a aquel desastre.

Sara murió en vida hace diez años y desde entonces las ojeras, la mala alimentación y los suspiros largos y frecuentes acompañan su arrastre de pies diario. El sentimiento de culpabilidad fustiga su vida, la marchita, la estruja hasta convertirla en una muñeca rota. Yo le soplo en la nuca, vigilo sus sueños en busca de pesadillas, caliento su ropa antes de vestirse con ella. Y, de vez en cuando, susurro en su oído que ella hizo todo cuanto estaba en su mano.

Yo morí hace diez años, electrocutado en la bañera por una taladradora enchufada que mi mujer arrojó a ella. Dejé amante, coche y esposa y desde entonces vago por esta casa para compensar mis pecados. El primero, Eva, una mujer que conocí en el banco de un parque y que enjugó mis lágrimas y comprendió mis desvelos. El segundo de mi lista, algo de lo que me arrepentí mil veces: maltraté a Sara.

Sara murió en vida hace diez años, aunque venía apagándose desde hacía veinte. Lo que sufrió, únicamente lo sabe ella. Desde entonces mira detrás de cada esquina temiendo que yo vuelva a aparecer.

 

Suscríbete y te regalo la Guía definitiva que te ayudará a comprobar que tu relato está listo para enviarse a un concurso literario. Y cada dos semanas te enviaré un correo de contenido inédito, varios enlaces de interés y un recordatorio de mis artículos por si te los perdiste.

 



¿Qué te gusta?

Un comentario sobre “Yo morí hace diez años

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.