Segis

Segis nació por imposición. Su padre se empeñó en perpetuar su apellido y su madre, sumisa, fabricó la placenta, el cordón umbilical y lo expulsó al mundo. Hasta los seis años fue como un trofeo de caza, de los seis a los doce un cervatillo herido y de los doce a los dieciocho un macho con los cuernos afeitados y la zona de influencia vallada con alambrada eléctrica.

Segis voló de su casa a los treinta tres, con el título de Historia en el bolsillo, la experiencia laboral de un bebé de seis meses y la cuenta bancaria de un indígena del Amazonas. Sus padres le alquilaron un pisito en el centro de Madrid, cerca de su barrio y Segis volvía al nido a diario para tomar su ración de sopa y carne.

Un día se dio de bruces con un asesinato, sangre y adrenalina por todas partes, y corrió hasta llegar a la periferia de la ciudad. Allí resopló, primero aturdido, luego extasiado: los límites ya no existían. Se compró un billete de autobús hacia ninguna parte y se perdió en ella.

De los treinta y cinco a los cincuenta, la historia de Segis nos llega a ráfagas. Camarero en Barcelona, chico de los recados en Bilbao, panadero en Gandía, bibliotecario en Málaga. A los cincuenta y uno vuelve al barrio de la infancia para velar a su padre. Lo hace desde detrás de una columna, a espaldas del mundo. A los cincuenta y seis repite el itinerario y los métodos con su madre. No regresa jamás a Madrid.

Con el dinero que obtiene del piso en herencia, Segis rueda un corto sobre un día en la vida de un perro. Se rodea de lo mejor del gremio, empleando hasta la última de sus euros. El perro va y viene por la ciudad, alimentándose de basura, siendo apaleado, acariciado, escupido, pateado, humillado, preguntado. En el fundido a negro, Segis dedica su corto a una chica de Barcelona y a sus padres ya fallecidos. No llega a distribuirse en ninguna parte.

A los setenta y ocho, y de un ataque al corazón, Segis fallece en una residencia de ancianos de Sevilla. Entre sus pertenencias encuentran un par de mudas, un sonotone, una fotografía de una joven que le agarra por la cintura y un muñequito que guarda desde su infancia.

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