Relato corto: emociones tatuadas

Escribir un relato corto es como encender una pequeña mecha y salir corriendo del edificio. Has de buscar el camino más directo antes de que explote y te pille en el interior. Hay otros escritores que ejercen el oficio de artificiero, desactivan la bomba y le dedican todo el tiempo del mundo. Yo prefiero correr escogiendo las salidas por intuición y escribir la palabra fin justo al saltar por una ventana (ojo, desde un primero que da a un contenedor blandito).

Hoy te traigo el último relato corto que he escrito. El edificio aún se tambalea, pero ya no hay peligro. Pasa y espero que lo disfrutes. Si es así, te agradecería que lo compartieras 🙂

relato corto
Anda, cari, unamos nuestras manos en un improvisado gesto de amor universal.

Emociones tatuadas

Le cuesta respirar. Sabe que es un gesto automático, inspirar y llenar los pulmones, pero algo se lo impide. Quizás una mano haciendo pinza en la nariz, un constipado adueñándose de las fosas nasales, una aspiradora gigantesca que ha chupado el aire de aquella habitación.

Abre la ventana y deja que se renueve, pero no quiere entrar. Es un repelente de oxígeno, la polaridad negativa de un imán que impide que se acerquen metales preciosos, una pastilla de jabón humedecida.

Le cuesta respirar cuando piensa en ella, en los momentos que comparten, como si esa tarde de suspiros hubiera terminado con el aire del planeta. El bolígrafo tatúa en el papel emociones que no esperaba volver a encontrarse tan pronto. Necesita hacer un inventario antes de que el último soplo entre en sus pulmones.

La ilusión de un niño. Los ojos abiertos a un mundo nuevo. Botones que tocar, procesos que aprender, travesuras que practicar. El vaso siempre medio lleno. Aunque se lo acabe de beber en un brindis por el futuro.

Su sorpresa. La de ella. Por encontrarse. No es fácil cruzar caminos tan compatibles. Ya surgirán las piedras, pero de momento es una cuesta abajo recién asfaltada.

Miedo a perderse de nuevo. A fastidiarla como en otras ocasiones. Al daño que pueda sufrir. Para que una relación salga mal, primero ha de existir. Y en el proceso de construcción, el miedo es un ladrillo más.

La valentía del amor corriendo por sus venas. Puede con todo: encontrar unicornios, cazar dragones, darse de baja de la compañía telefónica.

Su nombre le inspira poemas y relatos, le alegra el día escucharlo, le dibuja una sonrisa, le acaricia en los labios cuando lo pronuncia: Aris.

Angustia por no verse. Por no tocarse. Por no olerse. Por no sentirse. Por no escucharse. La distancia de una vida de rutinas que hay que combatir con llamadas de teléfono, con mensajes de whatsapp, con escenas anticipadas en un momento cercano pero a mil horas de distancia.

La felicidad de existir, de robarle un beso a medianoche, de abrazarse hasta que se detenga el mundo, de reflejarse en sus ojos, de susurrarse hechizos al oído, de planear viajes en un vuelo sin motor.

«Doctor, me falta el aire. ¿Qué me está pasando?» «El amor, tonto, el amor».

Le cuesta respirar. Ella entra y le saluda con un beso largo y profundo. El aire inunda sus pulmones. Por fin.

Si quieres leer más relatos cortos, aquí tienes varios.

 

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7 comentarios en “Relato corto: emociones tatuadas

  1. ¡Hola, David! Buen relato. Tatuadas quedan en él las emociones y necesidades inherentes al ser humano. La opresión monótona de la vida cotidiana o la forma, en apariencia simple, de oxigenarla. En apariencia, digo, ya que por desgracia no siempre llega a tiempo esa respuesta al SOS, cuando la cosa corre a criterio de una voluntad ajena. ¡Oyes!, que me gusta y ya está. Me quedo por aquí. Comparto. Saludos.

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