Relato corto Adán y Eva

Semana 8 del #RetoRayBradbury. Si tienes menos de 18 años, adéntrate con cuidado en el relato. Luego no quiero problemas con tu pareja 🙂

Relato corto: Adán y Eva

Besó la espalda siguiendo el camino que delineaban los lunares. El cuerpo se estremecía a cada roce del labio sobre la piel. Se entretuvo un momento en el hueco que se formaba al final de la columna vertebral y al comienzo del culo. Paseó la lengua repetidas veces, como si chupara un delicioso helado en una de esas espléndidas mañanas de domingo de verano. Ella se retorció cuarenta y cinco grados, dejando entrever un sexo cuidadosamente depilado. Él no lo tomó como una insinuación. No de inmediato. Deslizó la saliva a lo largo de la columna. Ella elevó la cabeza y la giró buscando los labios ajenos. Se concedieron un beso húmedo. Las lenguas se entrelazaron y se soltaron con violencia, duras, blandas, persiguiéndose dentro de las bocas, refugiándose en el comienzo de las gargantas, al acecho de su contraria melliza que babeaba pidiendo más guerra.

Los jadeos rebotaban contra el espejo del techo, que los devolvía amplificados. Adán y Eva hacían el amor dos veces: en carne y hueso y en cristal del IKEA.

Perdonaron a las lenguas el resto de la jornada de trabajo. Sus miradas se encontraron en una rotonda de tráfico denso. Dieron vueltas y más vueltas hasta que el verde de los ojos de Eva alcanzó el tono canela de los de Adán.

Y se les fue de las manos.

Las sábanas eran un burruño a los pies de la cama. El sudor salpicaba la pared, un gotelé húmedo forjado en el sexo. El miembro masculino culebreó buscando el objetivo: la cueva de Alí Babá, el oasis en medio del desierto. Eva abrió sus puertas de par en par, confeti a la entrada incluido. El pene buceó en un lago de fluidos. Salía a coger aire y volvía a sumergirse a la caza de un preciado tesoro. Las paredes vaginales vibraban como un arpa recién hidratada. Las notas musicales, un susurro excitante, crecían en intensidad. La melodía de Adán, un lamento sordo al principio, una ronquera afónica después y un gritito ridículo al final, dejó a Eva camino del orgasmo.

adán y eva
Qué mala leche la de Steve Jobs recreando el pecado original.

—¿Te has corrido?

—Ni un poquito, Adán —refunfuñó Eva.

—Lo siento.

—No lo sientas y haz algo para remediarlo.

—¿Me bajo al pilón?

—Dicho así, con esa pasión, ni lo intentes.

—¿Te como la almeja?

—Adán… ¡Basta ya!

—Entonces, ¿puedo levantarme a mear? —dijo él mientras se desenrollaba la sábana de los pies.

—Por mí como si te cuelas por la taza del inodoro —y se dio la vuelta.

Eva deslizó la mano derecha en dirección al ombligo. Lo rodeó cuidadosamente y se dirigió hacia el origen de la vida, hacia el comienzo de todo. Se acarició el clítoris con la yema del dedo índice. Pequeños círculos concéntricos que llegaron a los labios menores. Humedeció los dedos dentro de su boca y regresó de inmediato a la zona cero. Esta vez con movimientos verticales a lo largo de los labios mayores, labios menores, labios mayores, clítoris, labios menores, mayores, clítoris, menores, mayores, clítoris, clítoris, clítor…

—¿Te apetece una manzana? —le ofreció Adán desde la puerta.

—No vuelvas a dirigirte a mí —sentenció Eva.

Y los dos se vistieron para ir a trabajar. 

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