Mi primera vez (escribiendo relatos)

mi primavera vez escribiendo relatos

Cuando pienso en mi primera vez (escribiendo relatos) me viene la imagen de un niño de once años sentado en una escalera de caracol. Tenía el culo tan pequeño como para que entrase en los diminutos escalones. Recuerdo subirlos pisando en la parte exterior de la madera. La interior debía de medir dos centímetros y allí no había quien metiese un pie. Bajar era otra cosa. Me agarraba del pie central con ambas manos y giraba sobre él como una bailarina de barra americana. Al aterrizar, mi madre solía zurrarme en mi diminuto trasero.

En esa imagen estoy sentado en un escalón triangular, con las piernas colgando desde las rodillas heridas y una pequeña libreta en mis manos. Recuerdo las anillas retorciéndose circularmente para atrapar aquellas hojas cuadriculadas y dispuestas a que mi bolígrafo Bic las conquistase. Yo ya tenía los años suficientes como para usar bolígrafo. Había pasado la mayoría de edad estudiantil, que en mi casa tenía lugar a los diez años, y que incluía el uso de un bolígrafo en lugar de un lapicero, que era más de niños y te permitía rectificar las palabras o las cuentas. A mis once años ya debía pensar dos veces lo que escribía, porque quedaría grabado en papel eternamente. Hasta que inventaron los bolígrafos cuya tinta se podía borrar. Pero esa es otra historia y su final es una hoja rota y el llanto de un niño.

mi primera vez escribiendo relatos
El monopatín es el vehículo más divertido después de la escoba voladora de Harry Potter.

Los sábados por la mañana daba vida a un escuadrón de soldados que avivaban una hoguera en el bosque para calentarse al caer la noche. El narrador seguía sus aventuras en una guerra ficticia, en donde importaba más cómo habían pasado la noche que el bombardeo al que les someterían horas más tarde. Ese fue mi primer relato, inacabado, y olvidado en el cajón de las anécdotas de la infancia. ¿Por qué una guerra? Si hago suposiciones, me encuentro escondido tras la puerta viendo Los hombres de Harrelson, una serie que empezaba con unos tipos vestidos de militar que entraban en una furgoneta. Eran las fuerzas especiales de la policía (S.W.A.T.). Entonces mi madre me descubría y me mandaba para la cama. Nunca pasé de los títulos de crédito iniciales, pero la melodía se me quedó grabada hasta el día de hoy. Ahora mismo está sonando en mi cabeza, más o menos así: titurí tirurí tirurí tiru pom pa bom pa bom pa bom pa bom (subimos escala) tirurí tirurí tirurí tiru… Y gracias a Google he descubierto que el autor es Barry DeVorzon.

mi primera vez escribiendo relatos
Mi primera vez cubriéndome de papel de plata se me fue la mano.

Estoy seguro de que el detonante de la historia de mi escuadrón de jóvenes soldados fue la frustración por no poder ver la serie de televisión. Mi imaginación empezó a bullir hasta llenar las páginas del cuaderno de anillas. En realidad sirve cualquier cosa para encender la chispa de una historia. Aquí, por ejemplo, fue la muerte de mi padre. Aquí, una frase que me dejasteis en los comentarios. Aquí, un día que se me ocurrió verme a través de los ojos de mi hijo de ocho años. Y si te suscribes a mi lista de correo aquí, te regalo la guía definitiva que te ayudará a comprobar que tu relato está listo para enviarse a un concurso literario.

Más adelante subiría por la escalera de caracol hasta la buhardilla diáfana y allí, en una máquina de escribir marca Olivetti que usaba mi padre, contaría la historia del Súper Agente Monopatín, un detective que resolvía los casos a bordo de un monopatín, un juguete que nos tuvo fascinados a los chavales de mi calle durante años.

¿Y tú? ¿Cuál fue la primera vez que te sentaste a escribir una historia? ¿Qué te arrastró hasta el cajón para coger un bolígrafo y una hoja y volcar en ella unas frases? ¿Qué demonios exorcizaste esa primera vez?

 

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