Escribir desde el dolor con el atentado de Barcelona en la retina

escribir desde el dolor

Esta semana, en el correo con el contenido exclusivo que envío a los suscriptores (apúntate aquí si no quieres perdértelo), hablamos del atentado en Barcelona. Con esa terrible excusa, planteé el asunto de escribir desde el dolor y sugerí que me enviasen colaboraciones en esa línea para, quizás, ampliar la reflexión inicial. Lo cierto es que la respuesta ha sido inmediata y entusiasta. Y lo que empezó como una simple sugerencia se ha convertido en el artículo de esta semana.

Te propongo sacar algo positivo del dolor, explorar esa vía creativa y extraer nuevas herramientas con las que generar tus propios cuentos, relatos o novelas.

 

Escribir desde el dolor ayuda a superarlo

Y no lo digo yo. En mi trayectoria vital me he cruzado con varios psicólogos y cada uno de ellos afirmaba que escribir ayuda a procesar el dolor y a recomponerse. Algo parecido a la resiliencia. Hay gente que supera los problemas graves con más facilidad. Suelen ser personas creativas, que valoran la situación desde puntos de vista diferentes. Uno de ellos sería la escritura.

“Dad palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe.”

William Shakespeare

 

Escribir desde el dolor de una pérdida

Imagina por un segundo la muerte de un padre. O de una madre. O de un hermano. Y no digamos ya la de un hijo. Ellos sufren, pero cuando cierran los ojos definitivamente, el dolor cesa. Y nos lo traspasan a los vivos, a los que quedamos aquí para afrontar el día a día. En ese proceso en el que parecen habernos arrancado una parte del cuerpo, la escritura aparece como un ibuprofeno de efecto reforzado. 

En mi caso lo hizo. Cuando mi padre murió tras una vida de excesos, exorcicé parte de mis demonios escribiendo un relato corto. Una especie de carta dirigida a él en la que le pedía explicaciones. Más bien se las exigía. Pero también había espacio para las alabanzas y el agradecimiento. Fue como entornar la puerta de un capítulo de mi vida. Y la escritura me ayudó mucho a ello. Si quieres leer el relato que titulé ‘Cenizas’, está publicado en mi primer libro, ‘D.I.O.S.’.

En realidad está presente en otros relatos. Con cada uno de ellos me despido un poco más de él. Hasta que el dolor no sea más que una suave caricia en la nuca.

escribir desde el dolor
La consulta del dentista: ese lugar que ya genera dolor desde la misma sala de espera con su horrible selección musical.

Escribir desde el dolor físico

¿Has sentido alguna vez como si te estrangularan el intestino y después lo quemaran a fuego lento? ¿O como si una aguja de punto te atravesase la cabeza justo detrás del ojo? Enfermedad de Crohn. Migraña. Son sólo nombres con los que reconocer esos síntomas. Si escribes mil palabras sobre cada uno de ellos, el dolor mejora. Y no vale autocompadecerse. Hay que escribir desde las entrañas y expulsar todo el odio hacia el dolor. Negro sobre blanco. O blanco sobre negro si escribes en uno de esos siniestros blogs que dañan a la vista mucho más que una migraña.

Yo escribí una ponencia sobre la enfermedad de Crohn y cómo me ayudó la escritura a superarla. Y la expuse en la convención anual de la ACCU el año pasado. Desde entonces no he vuelto a sufrir ni el más leve brote. Os lo prometo. Gritarle al mundo mis mierdas me ayudó significativamente.

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontas ese sufrimiento.”

Viktor Frankl

Eva Dida Díaz es otro ejemplo de cómo escribir desde el dolor físico. El lunes publicó esto en su perfil de Facebook:

“Quisiera escribir algo sobre la escritura y el dolor. Pero no creo que me salga nada decente. Y sin embargo, lo necesito. 

Convivo a menudo con el dolor. Convivo cada día con la escritura. El mío. La mía. Ambos a su manera. Que no suele ser la corriente. 

Dolor crónico. Enfermedad autoinmune. Compartimos cuerpo y mente. Suelo vencer yo. A veces ganan ellos. Siempre latentes. Físico. Pero pellizcando lo emocional. Justo con la parte de mí que escribe. Justo con la parte de mí que vive. Justo con la parte de mí que respira. Justo con la parte de mí que ama. Justo con la parte de mí que folla. Justo con la parte de mí que lee. Justo. Esa parte. Contratante. De todas las demás partes. Esa parte, que siempre pone su mejor sonrisa. Y alguna vez se queja, porque quiere mimos. Y otras veces silencia, porque no quiere compasión. Y más de una vez es incapaz de decir nada, porque duele mucho, y a ver si se pasa. 

He conocido a otras mujeres que escriben. Con dolor crónico. Con enfermedades autoinmunes. Cada una con su propia lucha. Su propio camino. Su propia escritura. Pero se adivina el dolor en sus letras. El recogimiento. El ovillo. El corazón encogido. A pesar de las ganas. De las leves sonrisas. Del inicio de carcajada. De la cara amable. Es inevitable. Si el dolor invade. Ya podemos mostrar mil banderas blancas. Algo tiñe de gris. Algo invita a encogerse. Algo llora. 

Creo. Con firmeza. Que el dolor, no es más que otra cara de nuestra pasión. Esas mujeres también son apasionadas. Quizá más cautas que yo. Más vestidas. Más escritoras. Más silenciosas. 

Aquí, yo, soy puro grito, para todo. Cuando escribo. Cuando bailo. Cuando vivo. Cuando respiro. Cuando leo. Cuando follo. No sé pasar por la vida. Por el dolor. Por el amor. Por el sexo. Por la risa. En silencio. 

Escribo porque me duele, aunque no me duela. Escribo a pesar del dolor, y ganando al dolor. Escribo por amor. Escribo por vivir. Escribo por respirar. Escribo por follar. Para vivirme. Para respirarme. Para follarme. Para sobrevivirme. 

Escribo por y para mí. 

Y los días que no hay dolor, que son muchos, para/por exactamente lo mismo.

Me escribo.”

 

Escribir desde el dolor de otros

Cuando la violencia nos sacude de forma tan espantosa a como sucedió en Barcelona el pasado 17 de agosto, todo el mundo parece tener una opinión. Las redes sociales son receptores de muchas de ellas. Pero también el bar de la esquina de casa. Quizás sea un resorte defensivo, una manera de tratar de comprender el horror. Expresamos con palabras lo que nos aprieta el nudo de la corbata o nos inunda los ojos de lágrimas.

Una vez que están fuera, escritas en un papel, en una red social o pronunciadas en alto frente a unos amigos, el veneno se expulsa de nuestro organismo. Aún es tiempo de gestionar las emociones, pero el proceso de visibilizar el dolor ha sido un gran punto de partida.

Yo escribí algunos textos con motivo de los atentados del 11M en Madrid, que me tocaron de refilón. Me ayudaron en el sentido de vencer miedos.

También escribí esta reflexión acerca de los atentados en la capital de Francia:

“París, te quiero

Es la cuarta vez que reescribo este artículo, como si no diera con las palabras adecuadas o las palabras adecuadas no fueran suficiente. Anoche me acosté pronto, así que la brutalidad me ha sacudido esta mañana. Un mensaje de WhatsApp con los términos “qué horror” y una dirección de internet que he clicado con más miedo del habitual, ha sido mi primer contacto. La lectura del titular me ha impactado. El párrafo de la entradilla, el resumen de la barbarie, ha agolpado las lágrimas tras mis ojos. El resto de la noticia trato de olvidarla desde entonces. Otra fecha, un once de marzo de dolorosos recuerdos, ha llamado a la puerta.

Conocí París en una época bien distinta, cuando pasear por la calle era una delicia y no casi una maniobra militar, cuando pronunciando sus cinco letras te venían a la mente las novelas de Víctor Hugo, los carteles anunciando espectáculos de Toulouse-Lautrec, la interminable Torre Eiffel, la fiesta de Ernest Hemingway, los artistas dibujando retratos en el barrio de Montmartre, las fascinantes gárgolas de la Catedral Notre Dame, las cigüeñas empaquetando niños para distribuirlos a todo el mundo, ‘Amelie’, las películas de Truffaut, ‘Los amantes del Pont Neuf’, Juliette Binoche, ‘Tres colores’ de Kieslowski, Tardi y su heroína Adele Blanc-Sec… Esos recuerdos son los que pretenden que deje en un segundo plano. Pero me niego.

Se pueden discutir matices (de hecho, hay gente que se pasa el día discutiéndolos sin llegar a ningún lado), que si la culpa es de occidente por armar a los yihadistas desde la época de Afghanistan, que si cuatro locos (pero cada vez más) han interpretado el Corán como les ha dado la gana, que si nos lo merecíamos por crear primero e ignorar después la marea humana de refugiados que aporrea las fronteras de Europa desde hace meses, que en nombre de las religiones se ha matado desde hace miles de años y se seguirá matando dentro de otros mil, que no se puede expoliar el petróleo a un país y transportarlo a la época medieval sin esperar las consecuencias… Pero lo que es más discutible es que el fanatismo religioso, la incultura, el paro, la inexistencia de un futuro terrenal y la promesa de uno en el paraíso o la insensibilización de Occidente, son elementos de un cóctel que lleva mezclándose desde hace demasiado tiempo.

Lo cierto es que asesinar es muy fácil, sólo hace falta un motivo y una absoluta falta de empatía. Si a eso le añades un desprecio absoluto por las leyes occidentales y un pase con alfombra roja y aparcamiento incluido para entrar al paraíso, se producen horrores como el de anoche en París, el del once de septiembre en las Torres Gemelas, el del once de marzo en los trenes de Atocha, el del siete de julio en el Metro de Londres, el de, el de, el de, el de.

Recuerdo a una niña musulmana a la salida de un museo. Yo viajaba con un grupo de amigos, mochilas a la espalda, un puñado de euros en el bolsillo y la juventud intacta. Se nos acercó, nos sonrió, dijo algo en francés y volvió junto a su madre dando saltitos de dibujos animados. Después supe que lo que nos había regalado la niña era un ‘bienvenidos a mi ciudad’. A París.”

escribir desde el dolor
Forges lleva 50 años dando en la diana con sus chistes.

Escribir desde el desamor

La historia de la literatura está llena de desencuentros amorosos, de pensamientos escritos a la luz de una vela herida. Los poetas, por ejemplo, son expertos en crear desde el sufrimiento. Los versos lucen más. ¿Y reparan su alma? Seguro. Haz la prueba. Coge bolígrafo y papel (mejor pluma y pergamino) y déjate llevar por las emociones. Escribe una carta a ese amor platónico de hace años. Cuéntale cómo te hizo sentir. Y lo que aprendiste de ello. Sangra por cada poro de tu cuerpo y mancha la hoja. Y luego arrójala al fondo de la basura, no vaya a ser que te acusen de algún delito sin resolver.

En mi época post-adolescente me harté de escribir cartas a amores platónicos. Saltaba de una flor a otra, de una chica perfecta a otra más perfecta aún. Y esas cartas que guardé hasta hace poco aliviaron la sensación de ser el tipo más desgraciado en la faz de la Tierra.

“La poesía nace del dolor. La alegría es un fin en sí misma.”

Jorge Luis Borges

 

Vuestras colaboraciones

Quería dar las gracias a todas y cada una de las personas que me han permitido mostrar su trabajo. Algunas han publicado en su blog las reflexiones sobre los atentados e incluyo un extracto. Otras me han enviado el texto en un archivo y lo reproduzco aquí completo. En todos los casos está presente el dolor, la rabia, la frustración. Pero también la esperanza y la demostración de que escribir desde el dolor es necesario. Gracias a todos y a todas. De verdad.

 

Javier Morilla

“Porque todos somos esa madre que abraza a su hijo, todos somos ese chaval que se agacha a ayudar y dar agua a un herido, todos somos esa persona atropellada por la maldad en su estado más puro. Es inevitable sentir esa cercanía. Lloramos y nos indignamos con lo que no entendemos. Mientras unos juegan a ese ajedrez llamado geopolítica y otros buscan sentido a su vida en cruzadas decimonónicas; los demás simplemente intentamos llevar a cabo nuestros proyectos personales; disfrutar de la compañía de amigos y familiares; luchar en nuestros trabajos; saborear un buen manjar; abrazar a nuestras parejas; divertirnos con cualquier chorrada. Simplemente tratamos, en toda la extensión de la palabra, vivir.”

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Muirne Alonso

“Si te pararas a pensar, si usaras las neuronas para algo más que asentir ante el capullo de turno que te dice lo que tienes que pensar y sentir, y cómo tienes que actuar, quizá verías que esa niña que vas a dejar sin padres o que vas a mandar a la tumba es la misma que te saluda cada día cuando va al cole. O la mejor amiga de tu hija o sobrina o hermana. Que podría ser tu hija, amiga o hermana que ese día se ha saltado tu prohibición de salir y de ir a Ese sitio…”

(Sigue leyendo)

 

Esther Mor

“Me preguntan mis hijos por qué nos quieren matar. Alucinados, han ido cogiendo al vuelo comentarios, noticias, frases a medias. 

Me preguntan mis hijos por qué mañana no iremos al cine, cuando habíamos quedado en ir al centro comercial a pasar la tarde. Por qué alguien mata a las personas que pasean por la calle. Me preguntan si un hombre se acercará a matarnos cuando salgamos, como cada mañana, a casa de los abuelos, que se encargan de ellos mientras yo trabajo…”

(Sigue leyendo)

escribir desde el dolor
El masaje: esa forma de placer-dolor.

Laila Raquel Monge

“No sé quién está detrás de este tipo de actos, ni si, pudiera ser, que sean los mismos gobernantes quienes organicen todo esto.

El caso es, que TODOS somos víctimas. 

Las personas que han sufrido el atentado, inocentes que han muerto, están heridos, o han quedado traumatizados por la dureza de los momentos vividos, son víctimas. 

Los familiares de las personas que sufrieron el atentado, son víctimas. 

Los vecinos y ciudadanos, son víctimas del miedo a que vuelva a ocurrir…” 

(Sigue leyendo)

 

Nina Latte

A propósito de los atentados en el Manchester Arena y en Londres, escribió este microcuento:

“A la sombría mañana de la esperanza perdida, siguieron días sin perfume y noches de culpa perpetua.

Se secaron los pétalos de las flores blancas.

Encendí una vela, y luego otra, para consumir las horas despiadadas que me separan de ti.

No se borra tu nombre de mis labios, ni tu olor de mi piel. Anhelo la lluvia sincera que nos convertirá en polvo de estrellas y entonces, arrastrados por la brisa, volaremos en armonía.”

 

Eva Gavilán

“Por ti, Barcelona

Hoy lloro por ti Barcelona, mi segunda patria. Lloro por quienes confiaron y abrazaron a los que hoy te han herido. Por las almas que quedaron sembradas en tus calles, por mis hijos desterrados que te eligieron como futuro, por mi padre cuyas cenizas te entregué una tarde. Por mi madre y mi nieta que te bañan con sus sonrisas al atardecer.

Tú eres el antes y el después, y hoy se une el dolor de una masacre absurda al dolor de los muertos de mi país, y es que tú Barcelona y Cumaná, mi eterna marinera, son mi vida mi pasado y mi incierto porvenir.

Es porque te llevo en la sangre de mis antepasados que te siento mía y soy capaz de percibir la magia de tu luz. A pesar de tus heridas eres y serás siempre sinónimo de libertad para quienes vivimos oprimidos en otras latitudes.

Te veo, y siempre vas vestida de poemas, pinturas y sobre todo futuro. Tus espacios, la historia que te envuelve, tus rincones y sobre todo el escenario de la tragedia. 

Nada podrá opacar a Las Ramblas ese lugar tan emblemático donde la culturas y el arte confluyen el día de San Jordi con su aroma a rosas y libros. Me siento orgullosa de tu gente valiente e invencible y sé que saldrás de este ataque victoriosa y más fuerte que nunca.”

 

Alicia Zabaleta

“Como nieta de catalanes, me duele mucho, me recuerda momentos hermosos hace un año paseando por ese mismo lugar y también momentos difíciles vividos aquí en Argentina en los años ´70, en mi adolescencia cuando la guerrilla hacía atentados todos los días y nada era seguro, pasar frente a un banco extranjero, cruzar una plaza, estar cerca de una embajada o simplemente en una estación de trenes, todo era peligroso, había distintos grupos que se enfrentaban entre sí y con las fuerzas de seguridad y la mayoría, los que no pertenecíamos ni a uno ni a otro, de todos modos seguimos adelante, no dudamos en estudiar, trabajar, formar una familia y vivir la vida, creo que no hay que paralizarse, es lo que los grupos radicalizados de cualquier signo buscan, generar el terror colectivo.

 Por eso aplaudo a esa multitud que gritó: ‘No tenemos miedo’.

Tengo ya algunos años y puedo afirmar que todo pasa, quedan las cicatrices pero el tiempo sana y ‘la escritura es terapéutica’.”

 

Juliana Mbengono Ela Avomo

“Yo lo he leído desde la ciudad de Malabo, pero con la misma pena y el mismo horror. 

¿Se acabará el terrorismo algún día?, me pregunto. Quizás sí. Quizás cuando ya no existamos los que sufrimos sus golpes. Seguramente cuando ya no mencionemos los nombres de sus víctimas en Barcelona.

Barcelona esta sumergida en lágrimas, pero veo que se levanta y no se dejará derrumbar por el golpe.

¡Barcelona yeyebá!”

*”Yeyeba” es una palabra de la lengua bubi de Guinea Ecuatorial y equivale a “¡arriba!” en español.

 

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