Escribe para ser feliz o cómo una vaca te dirá si lo tuyo es crear historias

Los escritores llegamos al mundo con un pan debajo de un brazo y una pluma en el otro. Y con una voz interior que nos susurra: escribe, escribe palabras, escribe frases, escribe historias, escribe para ser feliz.

Estoy seguro de que no existe la fórmula de la felicidad. Al menos, no una pócima que consiga que sonrías sin saber por qué. Quizás sí algunos trucos para lograr momentos puntuales de felicidad. Hacer aquello que te gusta, cuando te apetece, es uno. En mi caso, escribir. En el tuyo, apuesto a que también.

«Escribe para ser feliz» creo que es la frase más inspiradora que he publicado en el blog. Junto con «escribir cuentos cortos alarga la vida». Y no es una frase gratuita.

Si de verdad te gusta inventar historias, ese momento de comunión con el universo (el de tu texto y el que está sobre nuestras cabezas) es lo más parecido al nirvana (que no sé yo si es un estado aconsejable, teniendo en cuenta cómo se tomó la vida Kurt Cobain).

Pero… ¿cómo saber si lo tuyo de escribir viene de serie?

escribe para ser feliz

Escribe 100 palabras sobre una vaca

¿Recuerdas? A quién no le han mandado como deberes un ejercicio así. Abrías tu cuaderno de rayas, echabas el aliento al bolígrafo para que no te fallase, como si en el interior viviera una musa que necesitara calor, y garabateabas la hoja con descripciones sobre el sistema digestivo del animal y lo rica que estaba la carne.

Y si el talento emergía, al final la vaca se convertía en una metáfora de tu competencia para ordeñar una idea. Y soltabas un rollo que aburría mortalmente a tus compañeros, pero que tenía cierto aroma lejano a literatura. Ya ajustarían ellos cuentas en el patio (y eso que eran malos en mates).

Escribe palabras que rimen

Otro clásico del colegio: componer un poema sobre la vaca. Emocionar a los lectores rimando palabras sobre el herbívoro es un ejercicio que, si lo superas, deberías sospechar que lo tuyo es la creación literaria.

O ser ganadero.

Escribe refranes

Este punto también es bueno. ¿Nunca te ha dado por apuntar refranes en una libreta? ¿O por inventártelos? ¿De verdad soy yo el único en su especie? (obviando a los que crean refranes profesionalmente, claro).

Quien a buen árbol se arrima, la sombra de un ciprés es alargada.

Al que madruga Dios le coloca un pan debajo del brazo.

En casa del herrero cuchillo que no corta.

Hala, yo ya he aportado mi granito de arena al refranero español. ¿Te animas a dejar tus refranes en los comentarios?

escribe para ser feliz

Escribe un cuento

La prueba casi definitiva. Si tu padre o tu madre te leían cuentos y se despertaba en ti un resorte que te animaba a crear los tuyos propios, significativo. Mucho.

Escribe un poema

Rosalía fue mi musa. ¿La tuya? Si el chico o la chica que te gustaba de joven te inspiraba poemas que componías a la luz de la luna, ¡zas!, otro punto a favor de tu inclusión en la escritura de serie.

Mis poemas eran unos ripios espantosos. Y, además, nunca llegaron a sus destinatarias. Quizás eso sea otro signo que nos define a los escritores: la timidez.

Escribe notas

La primera oportunidad fue en el colegio. Así te comunicabas con tus compañeros esquivando la torpe vigilancia del profesor. Era un reto al alcance de muy pocos elegidos. Y yo no estaba entre ellos. A menos que quisiera terminar en el despacho del director.

La segunda oportunidad aparece cuanto tienes pareja. Esas notas amorosas junto al desayuno u ocultas en su bolso para que se las encuentre a lo largo del día, favorecen una larga y emocionante relación.

La tercera ocasión te define absolutamente como escritor: llevar una libreta siempre contigo y apuntar ideas, diálogos, personajes, descripciones o la lista de la compra en plan literario (dos nutritivos litros de leche, una hogaza de pan con aroma a pueblo y una lata de sardinas apretujadas como en un concierto de rock).

Si tu trayectoria vital se ha cruzado en alguna ocasión con los anteriores puntos, tienes todas las papeletas para considerarte escritor. Y ahí ya puedes escribir para ser feliz.

Tatúate “escribe”

Yo lo hice este verano. Me tatué la palabra “escribe” en el brazo izquierdo. Llevaba años dándole vueltas a la idea.

He de confesar que fue mi primer tatuaje. Quería algo simbólico y práctico al mismo tiempo. Y “escribe”, con tipografía de máquina de escribir, como aquel primer artilugio de mi padre en el que vomitaba mis historias más torpes, lo es.

Juzgad por vosotros mismos.

escribe para ser feliz

Escribe rápido, escribe despacio, escribe a borbotones, pero escribe que algo queda. Y sobre todo, escribe para ser feliz.

 

 

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13 comentarios en “Escribe para ser feliz o cómo una vaca te dirá si lo tuyo es crear historias”

  1. Se escribe para ser feliz, sí. Pero eso no se trata de un «apuesto». Verás, Generoso, la Literatura parte del aburrimiento. Si logras vencerlo, entonces serás feliz al leerlo (independientemente de las cabezas que haiga debajo o arriba de esas palabras). En cierto modo, admiro tu dedicación, ya me he suscrito a tu lista, pero cuando hablas del Nirvana, creo que no sabes muy bien de lo que hablas. Citar a «como se tomó la vida Kurt Cobain» es casi mayor indiscreción que pilotar ese avión contra un edificio lleno de gentes y según tú piensas cambió el mundo a peor. Si estabas puteado en una oficina hace 18 años, lo siento. Yo estaba volando.

    • Hola, Navuk.
      No estoy de acuerdo en que la literatura parta del aburrimiento. Para mí tiene que haber una necesidad interior de escribir.
      En cuanto al nirvana, yo lo he alcanzado escribiendo. O algo parecido. Y me alegro de no haber experimentado lo mismo que Kurt Cobain.
      Gracias por comentar 🙂

  2. Nabuk no me enteré de lo que querías transmitir.
    No soy de los más torpes, aunque en esto soy un lego. Igual es que el nivel es alto. El caso es que me quedé con la duda. Gracias

  3. Gracias… Me encantó este artículo. Se hace ver en este la expresión de alguien que, ha parte de ser todo un Escritor, está inundado por una vocación de maestro. Nuevamente ¡Gracias! Gracias por dejar salir tan buenas intenciones.

  4. Un refrán de mi propiedad: «Parientes, política y religión, cuanto más independiente mejor».

    En cuanto a tu frase: «Los escritores llegamos al mundo con un pan debajo de un brazo y una pluma en el otro. Y con una voz interior que nos susurra: escribe, escribe palabras, escribe frases, escribe historias, escribe para ser feliz»… me alegró el día, me pintó de cuerpo entero…la copio en mi libreta de motivación para escribir.
    ¡Muchas gracias! Te leo siempre…

  5. Mal asunto, si quien escribe no lo hace por pasión. No basta con tener capacidad de comunicación, sino de hacer vibrar y emocionar al lector, y pienso que eso solo se consigue entregándose de lleno a la escritura, como un náufrago se aferra a un madero a la deriva. El escritor, el de verdad, por mucho que no haya tenido la suerte de haber sido publicado, se saca las entrañas en cada personaje, línea, capítulo o verso que escribe. Al menos eso pienso yo.

    Por cierto, me identifico contigo tanto en lo del cuaderno de refranes (ya ves que, en el fondo, no eres tan «raro») como en lo del tatuaje: también este verano me he hecho mi primer tatuaje y en cierto modo, estos días me ronda por la cabeza un nuevo diseño (para un futuro diseño) muy relacionado con la escritura, aunque aún no me defino del todo en cuanto a cómo lo quiero, pero ahí ando.

    Un saludo.

  6. No escribo para ser feliz, pero sí que me ayuda a estar más tranquilo. Es como una pequeña terapia, una pastillita sana que me ayuda a desconectar. Para mí es como hacer deporte, que me ayuda a relajarme y hablar conmigo mismo.

    Muy interesante el artículo.

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