Cuento de Navidad: Los renos de Papá Noel

Semana 19 del #RetoRayBradbury. Como te prometí, sigo en plan navideño. Hoy toca otro cuento, esta vez lleno de renos, infancias a punto de reventar y padres separados.

Cuento de Navidad: Los renos de Papá Noel

A los siete años, Marcos aún creía que Papá Noel era un señor mágico que dirigía a un ejército de elfos jugueteros. Y que sus renos volaban de verdad y tenían fuerza suficiente para arrastrar un trineo con toneladas de paquetes.

A los siete años, Marcos ni se planteaba cómo un ratón diminuto de apellido corriente le había dejado regalos diez veces más grandes que él bajo la almohada. ¿Un ratón-hormiga?

A los siete años recién cumplidos, Marcos aún confiaba en que sus padres volverían a vivir juntos meses después del divorcio.

Pero la noche del 24 de diciembre, la tierra se abrió bajo los pies de Marcos y por ahí estuvo a punto de caer el resto de su infancia.

Eran las primeras navidades que se dividía en dos. No literalmente, como sus padres, cuyos corazones estaban desgarrados, pero sí en lo que afectaba al lugar de residencia. La semana de Nochevieja estaba con su padre y la de Nochebuena, con su madre.

Ella vivía en un apartamento en el centro de la ciudad. La casa familiar se la había quedado su marido, que engrosaba las filas del paro. La decoración era impersonal; aún no había encontrado los ánimos para llamar casa a aquel lugar.

Marcos dibujaba en un pequeño escritorio de IKEA que montaron entre él y su madre a lo largo de un fin de semana. Una experiencia irrepetible, en el peor sentido de la palabra. Junto a una pared había una estantería de madera en la que descansaban libros, juguetes y ropa interior usada. Enfrente, una ventana que parecía un espejo al abrirla: un edificio de apartamentos idéntico crecía desde las entrañas de la tierra hasta alcanzar la décima planta, la suya.

¿Podría Papá Noel llegar a esa altura? Marcos se recostó en la cama dándole vueltas a la pregunta, mientras observaba cómo la ropa que colgaba del armario cobraba vida entre las sombras.

La noche del 24 de diciembre se despidió de su madre y se metió en la habitación. En el salón, un árbol de Navidad enredado entre brillantes bolas de colores, presidía un rincón. La madre cogió el teléfono móvil y marcó un número de la agenda.

–Carlos, tu hijo se ha dormido. Bueno, lo hará en breve.

–Vale.

–Yo me acuesto también. He dejado mi regalo en el árbol. No tiene pérdida. Está en el salón.

–Salgo ya.

Carlos se disfrazó de Papá Noel y cruzó la ciudad en un Ford Focus. Ni trineo ni renos. Llevaba años interpretando el mismo papel y acordó con su exmujer que repetiría la actuación.

Marcos abrió un ojo a medianoche. Un ruido le interrumpió el sueño. Al otro lado de la puerta, Papá Noel trataba de que su regalo cobrara protagonismo bajo el árbol. Era más pequeño que el de su exmujer, la última muñeca rusa frente a la primera. «Las mejores esencias se guardan en los frascos más pequeños», se animó. «Pero caballo grande, ande o no ande». Y estrujó un poco el regalo ajeno.

Marcos entró al salón y el suelo se abrió bajo sus pies.

–¿Papá? –ni la barba de pega le confundió.

–Hijo, ¿qué haces aquí?

–¿Eres… Papá Noel?

–De vez en cuando –improvisó.

–¿Y los renos voladores? ¿El trineo…? ¿Papá?

–Marcos, es hora de contarte un par de cosas.

La madre irrumpió en pijama.

–Cariño, ¿por qué no estás en la cama? –dijo dirigiéndose a Marcos.

–Mamá, ¿tú sabías que papá es Papá Noel?

–No tenía ni idea, cielo –dijo la madre.

–Estupendo –gimió el padre.

–Y entonces, ¿los renos? –insistió Marcos.

–Aparcados en la azotea –mintió el padre.

–¿Puedo verlos?

–Me temo que no, hijo. Debo seguir mi viaje. Hay muchos niños que me esperan… Ho, ho, ho –concluyó.

–¡Qué guay! Mi padre es Papá Noel.

–Chsss. Es un secreto entre nosotros, cielo –dijo la madre.

–Eso. Que no salga de estas cuatro paredes. –El padre se encaminó a la puerta principal.

–Papá Noel, gracias por venir este año. Aunque las cosas ahora sean diferentes –dijo Marcos.

La madre abrazó a su hijo y el padre se marchó en busca de los renos con los ojos encharcados en lágrimas.

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