Cuento de Navidad: Los juegos de Lego

Semana 18 del #RetoRayBradbury. Este mes de diciembre me he propuesto escribir cuentos de Navidad. La época del año se presta a ello. El relato número 18 va sobre juegos de Lego. ¿Quién no ha tenido en su infancia un puñado de esas piezas para dar vida a cientos de personajes e historias?

Cuento de Navidad: Los juegos de Lego

La noche del 5 de enero, Martín se acostaba sin cenar. El motivo no era una trastada monumental, ni siquiera una trastada tonta. Martín era incapaz de probar bocado hasta saber si los Reyes Magos le dejaban al pie del árbol los regalos que había escrito en la carta. Ese año, juegos de Lego.

–Cariño, ¿otro año igual? Ya sabes que los Reyes te traerán más cosas si te portas bien. Y dejarte el plato sin tocar no es una muestra de ello.

–Me lo desayuno mañana. Te lo prometo. Porfa.

–Tú verás. Te aseguro que mañana seguirá aquí. Ahora cepíllate los dientes y dame un beso de buenas noches.

–¿Y papá?

–Se le ha complicado el trabajo. En cuanto llegue le digo que te dé un beso. Aunque ya estés dormido.

Guillermo aprovechaba las últimas horas para encontrar los nuevos vehículos de Batman y Superman en trescientas piezas de Lego listas para ensamblar. Diciembre era un mes de locura en la agencia de comunicación. Todos los clientes querían una campaña de Navidad a la altura de sus expectativas, que solían estar en la planta cincuenta, con el ascensor averiado y la escalera de servicio recién fregada.

Así que, la tarde del cinco de enero, sus manos aún no sujetaban las cajas de Lego.

Martín se escondió debajo de las sábanas. Era un truco recurrente mientras esperaba a que su madre le arropara. Siempre conseguía asustarla. Pero aquella noche se quedó antes dormido.

Soñó que Baltasar perdía al camello y su regalo con él. En su lugar le dejaba una nota disculpándose. Y la promesa de que el año siguiente le compensaría.

Despertó temblando, preocupado por el camello. ¿Cómo podía perderse un animal de ese tamaño en una ciudad? ¿Y si lo había secuestrado Papá Noel? ¿Y los regalos que transportaba? Poco a poco recuperó la calma. Una pesadilla. Eso era. Baltasar no había perdido de vista al animal. Y los juegos de Lego aparecerían por la mañana junto al árbol de Navidad.

Guillermo salió de la última reunión de proyectos a las 19:45. Le había prometido a Sara, su mujer, que llegaría a casa con las dichosas cajas de Lego. Paró un taxi y se subió a él tras forcejear con una señora que juraba haberlo visto antes.

–Al centro comercial más cercano. Y rápido, por favor.

Esa escena y esa frase las repitió hasta en cinco ocasiones. Los nuevos vehículos de Batman y Superman se habían esfumado de la Tierra.

Salió de El Corte Inglés con la derrota brillándole en los ojos. Su mujer le iba a matar. Su hijo se sentiría decepcionado. Y él, el peor padre del mundo. Se le pasó por la cabeza dejar una nota en el árbol de Navidad prometiendo compensar el error al año siguiente. Afortunadamente, la idea se quedó en el limbo de las ideas lamentables.

El subconsciente de Martín se olía algo. La pesadilla con el camello de Baltasar era el humo de un fuego. Se elevó del cuerpo del niño y salió por la ventana a inspeccionar. Sobrevoló el jardín que rodeaba el edificio, avanzó por encima de las casas vecinas, salió del barrio y tomó la carretera que accedía a la zona central de la ciudad.

Guillermo iba sentado en la parte trasera de un taxi, maldiciendo al tipo que se había inventado lo de los Reyes Magos. ¿Fue Dios? ¿Su escriba? En esas cuestiones se entretenía cuando el subconsciente de Martín le encontró, se coló en su cabeza y tomó el mando.

–No es momento de rendirse.

–¿Perdón? –dijo el taxista.

–Que gire la siguiente a la derecha, porfa.

Se detuvieron junto a una pequeña juguetería de barrio. Martín la recordaba de una visita con su madre. El dueño era un fanático de los juegos de Lego. Tenía infinidad de modelos en las vitrinas. Incluidos los vehículos de Batman y Superman.

Guillermo llegó a casa unos minutos antes de las doce de la noche. Entró en el dormitorio de su hijo, le besó en la mejilla y fue a abrazar a su mujer. El camello de Baltasar había aparecido justo a tiempo.

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2 comentarios en “Cuento de Navidad: Los juegos de Lego

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