máquina del tiempo de IKEA

La máquina del tiempo era una silla plegable de Ikea

Cuando terminamos de discutir, la tristeza lo invadió todo. Alguna vez imaginé la escena en mi cabeza, y nadie salía vencedor; excepto el tiempo, que se paseaba entre Eva y yo sabiendo que, al final, las cosas encajarían en el lugar predestinado para ello. La amistad llegó a un punto de no retorno, traspasó límites para los que no había vuelta atrás. Eva recogió del suelo los pequeños muñecos de plástico, los introdujo en una bolsa de tela y se marchó del parque con pasos cortos. Yo me quedé pensando si tirarme de cabeza por el tobogán o dar patadas a un balón que rodaba sin dueño cerca del arenero de los perros. Tenía siete años, tres semanas y dos días, y una vida entera para reírme de aquello.

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la infancia no es un camino de rosas

Un barrizal de hierbajos

La infancia de Carmen no fue un camino de rosas; más bien un barrizal de hierbajos. Las burlas en el colegio eran el menú habitual de su dieta; los moratones emocionales, el postre que se regalaba de camino a casa. Sus padres la cambiaban de colegio con el inicio de cada curso y ella, en lugar de reprochárselo, agachaba el ánimo y se perdía en ensoñaciones.

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érase una vez

Érase una vez (o dos)

Érase una vez un rey despiadado que en otra época fue bondadoso y justo. Érase una vez una torre con la altura de mil hombres y la superficie resbaladiza como el jabón, que un hechizo levantó junto a un castillo. Érase una vez una princesa, encerrada en lo alto del cilindro desde que cumplió doce años, que jamás había pisado discoteca alguna ni plaza con botellón. Érase una vez una rana con el exterior de rana y el interior de princesa, que croaba entre nenúfares esperando la llegada de un caballero que besara sus babosos labios.

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escalera

Noventa y nueve escalones

Noventa y nueve escalones hasta el piso cuarto. Cada día de su vida. Noventa y nueve escalones que les provocan aguijonazos en los gemelos. Al final de la cumbre, la puerta de entrada a lo que una vez fue el paraíso. Noventa y nueve escalones que impiden la huida hacia la libertad. Demasiado esfuerzo físico. Como una cárcel sin rejas en medio del desierto.

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