borrar para escribir relatos cortos

Borrar para escribir los mejores relatos cortos

El otro día una amiga me respondió con un breve «muy bien, un cambio» a mi confesión de que acababa de separarme. Quizás parezca una respuesta sorprendente, pero a mí me animó y me ayudó a restarle importancia a algo que no la tiene (no tanta como pensaba en un principio). He de aclarar que, además de amiga, es psicóloga, y seguro que su respuesta obedecía a alguna técnica psicoanalítica que se basa en borrar de la mente la parte negativa de las situaciones. Y es cierto. No conviene alimentar al cerebro con pensamientos negativos porque el día que echemos mano de su archivo, ahí estarán, guardados en una carpeta con el nombre: “Cómeme”.

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mi primavera vez escribiendo relatos

Mi primera vez (escribiendo relatos)

Cuando pienso en mi primera vez (escribiendo relatos) me viene la imagen de un niño de once años sentado en una escalera de caracol. Tenía el culo tan pequeño como para que entrase en los diminutos escalones. Recuerdo subirlos pisando en la parte exterior de la madera. La interior debía de medir dos centímetros y allí no había quien metiese un pie. Bajar era otra cosa. Me agarraba del pie central con ambas manos y giraba sobre él como una bailarina de barra americana. Al aterrizar, mi madre solía zurrarme en mi diminuto trasero.

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11 inicios de relatos que debes leer al menos una vez en la vida

¿Te ha pasado en alguna ocasión que, leyendo las tres primeras líneas de un relato, se te han abierto mucho los ojos y ya no los has podido cerrar? ¿O que se te han quemado las lentejas porque no podías dejar de leer el primer capítulo de una novela? Eso debería ocurrir siempre (la emoción de la lectura, no lo de echar a perder la comida). El inicio de un relato debería arrastrarte como una corriente salvaje. O engancharte como un amor de verano hacia la vorágine de la relación y que te deje hecho polvo cuando se acabe. Pero con ganas de más.

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Qué escribir - Fuego en las manos

Fuego en las manos

Me he despertado con frío. Los dedos encogidos, los pies como si paseara descalzo por la nieve. Me he abrigado con un batín, unos calcetines y he frotado las manos hasta que ha salido fuego. Es una pequeña habilidad que tengo desde la infancia: siempre que escribo, creo fuego con las manos.

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Cuarenta y cinco minutos frente a la página en blanco

Cuarenta y cinco minutos seguidos escribiendo un relato corto, un artículo de humor o un cuento, sin levantar la cabeza de la página en blanco o del teclado del ordenador. Ese es el reto que me impongo cada mañana. Cuarenta y cinco minutos diarios en los que explicarme a mí mismo cosas que de otra manera no entendería. Según mi experiencia de eso va escribir, de comprender realidades inspiradas en hechos verídicos. O inventadas, con la corteza tan perfecta que podrían pasar por ciertas.

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Doscientas palabras

Doscientas palabras

Doscientas palabras. Sólo tengo doscientas palabras para demostrar mi talento en este absurdo experimento literario. Algunas menos si resto las de esta explicación. Doscientas palabras no dan para casi nada, apenas un esbozo de una idea con la que construir un relato, una nota de la compra con algo de literatura, tomatitos rojos como tus mofletes cuando te pones vergonzosa, dos kilos.

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