La metamorfosis

Cuando Gregorio Samsa despertó una mañana después de un sueño intranquilo, retiró las sábanas y descubrió horrorizado que se había convertido en un monstruoso bebé. De su boca surgían apenas balbuceos y la percepción que tenía de las cosas había cambiado, como si se hubiera tragado la galleta “Cómeme”. Todo era enorme, desde la almohada en la que se recostaba hasta las gafas de la mesilla. Trató de incorporarse pero rodó hasta el borde de la cama, se balanceó y cayó al suelo.

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Marty McFly: Regreso al futuro, que ya es nuestro presente

Los de mi generación tuvimos suerte: disfrutamos de una adolescencia llena de trilogías cinematográficas de las de antes, con su relato coherente, sus diálogos creibles, su emoción en cada fotograma, sus finales memorables. Películas como Superman, La guerra de las galaxias, Indiana Jones o Regreso al futuro, con sus secuelas, ocupaban gran parte de nuestras charlas en el recreo o servían como base para idear nuevos juegos.

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El coleccionista

De niño coleccionaba cromos que pegaba en los álbumes con un engrudo que le fabricaba su abuela, lagartijas que introducía en un bote de cristal después de haberlas cercenado el rabo, conchas que recogía los veranos en la playa y que se acumulaban en una bolsa de plástico el resto del año.

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El orgasmo

El último miércoles de cada mes era cuando Lucía aprovechaba para masturbarse y alcanzar el orgasmo. Era el día en el que los niños nunca se perdían la clase porque tocaba diapositivas de dinosaurios, su marido salía de la ciudad para la reunión mensual del consejo, la interna hacía la … Leer más

Segis

Segis nació por imposición. Su padre se empeñó en perpetuar su apellido y su madre, sumisa, fabricó la placenta, el cordón umbilical y lo expulsó al mundo. Hasta los seis años fue como un trofeo de caza, de los seis a los doce un cervatillo herido y de los doce a los dieciocho un macho con los cuernos afeitados y la zona de influencia vallada con alambrada eléctrica.

Segis voló de su casa a los treinta tres, con el título de Historia en el bolsillo, la experiencia laboral de un bebé de seis meses y la cuenta bancaria de un indígena del Amazonas. Sus padres le alquilaron un pisito en el centro de Madrid, cerca de su barrio y Segis volvía al nido a diario para tomar su ración de sopa y carne.

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