papa superhéroe

Mi papá es un superhéroe

Mi papá es el mejor padre del mundo. Siempre que llega a casa me da un abrazo y un beso. Aunque esté enfadado o triste por cosas de mayores, como estos días. Me encanta cuando me frota la cabeza con su mano. Es como un terremoto de caricias. Lo que no me gusta es que me laven el pelo al bañarme. Creo que se me va su olor.

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Procrastinación sin remordimientos

Pulsó el botón rojo del mando y envió la señal del televisor al olvido. Pronunció en alto una cifra de neuronas, trescientas cuarenta y seis. Calculó que, con esa pérdida progresiva, en diez años alimentándose de programas absurdos su inteligencia ya no estaría ni para resolver la sopa de letras impresa en el menú infantil de los restaurantes.

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Sé que no existo

Sé que no existo

Sé que no existo, que sólo soy alguien en la imaginación del que me está escribiendo ahora mismo, que dejaré de respirar en cuanto él levante el bolígrafo del papel y se dedique a otra cosa, seguramente más prosaica, como llevar a los niños al colegio, cepillarse los dientes o pasar la aspiradora.

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Marty McFly: Regreso al futuro, que ya es nuestro presente

Los de mi generación tuvimos suerte: disfrutamos de una adolescencia llena de trilogías cinematográficas de las de antes, con su relato coherente, sus diálogos creibles, su emoción en cada fotograma, sus finales memorables. Películas como Superman, La guerra de las galaxias, Indiana Jones o Regreso al futuro, con sus secuelas, ocupaban gran parte de nuestras charlas en el recreo o servían como base para idear nuevos juegos.

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El orgasmo

El último miércoles de cada mes era cuando Lucía aprovechaba para masturbarse y alcanzar el orgasmo. Era el día en el que los niños nunca se perdían la clase porque tocaba diapositivas de dinosaurios, su marido salía de la ciudad para la reunión mensual del consejo, la interna hacía la … Leer más

Segis

Segis nació por imposición. Su padre se empeñó en perpetuar su apellido y su madre, sumisa, fabricó la placenta, el cordón umbilical y lo expulsó al mundo. Hasta los seis años fue como un trofeo de caza, de los seis a los doce un cervatillo herido y de los doce a los dieciocho un macho con los cuernos afeitados y la zona de influencia vallada con alambrada eléctrica.

Segis voló de su casa a los treinta tres, con el título de Historia en el bolsillo, la experiencia laboral de un bebé de seis meses y la cuenta bancaria de un indígena del Amazonas. Sus padres le alquilaron un pisito en el centro de Madrid, cerca de su barrio y Segis volvía al nido a diario para tomar su ración de sopa y carne.

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