31 libros que leer antes de morir

Lo confieso: ya tengo una edad. Eso está mal para algunas cosas: probablemente me quede menos tiempo de vida del que ya he vivido; las cremas antiarrugas son muy caras; que me traten de señor cuando me siento joven y lozano me afecta emocionalmente; las ITVs personales son cada vez más frecuentes. Pero tener una edad es genial para otras cosas, porque has vivido mil y una experiencias. Por eso, y aprovechando el Día del Libro, me veo capacitado para aconsejarte algunos libros que leer antes de morir.

Estos 31 libros que leer me marcaron de una u otra forma a lo largo de mi vida. Unos por cómo jugaban con el lenguaje, otros por la historia que contaban. Unos por el humor desternillante, otros por el profundo drama. Unos por el aprendizaje vital que recibías de sus páginas, otros por la sorpresa que se escondía en ellas. Unos porque me los aconsejaron en talleres de literatura y se lo agradeceré siempre a mis profesores, otros porque los descubrí por azar.

El guardián entre el centeno – J.D. Salinger

“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, que hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada.”

El corazón de las tinieblas – Joseph Conrad

“La mente de un hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, el pasado y el futuro.”

La leyenda del santo bebedor – Joseph Roth

“Con la seguridad de la persona que sabe que lleva dinero en el bolsillo, pidió una absenta, y la bebió también con la seguridad de una persona que ya ha bebido muchas en su vida. Tomó un segundo y también un tercer vaso, pero cada vez echaba menos agua. Y cuando pidió el cuarto, ya no supo si había tomado dos, cinco o seis vasos. Y tampoco recordaba por qué había entrado en aquel café. Tan sólo le parecía recordar que estaba en aquel barrio para cumplir con una obligación; se trataba de una cuestión de honor.”

Fahrenheit 451 – Ray Bradbury

“No eres como los demás. Y he visto a muchos, y los conozco. Cuando hablo, tú me miras. Anoche, cuando dije algo acerca de la luna, tú miraste hacia la luna. Los demás nunca harían algo así. Los demás me dejarían hablando sola o me amenazarían. Ahora nadie tiene tiempo para nadie. Tú eres uno de los pocos que me soportan, Por eso pienso que es muy extraño que seas un bombero, me parece que no es lo apropiado para ti.”

El extranjero – Albert Camus

“Una vez más todo el problema consistía en matar el tiempo. A partir del instante en que aprendí a recordar, concluí por no aburrirme en absoluto. Me ponía a veces a pensar en mi cuarto, y, con la imaginación, salía de un rincón para volver detallando mentalmente todo lo que encontraba en el camino. Al principio lo hacía rápidamente. Pero cada vez que volvía a empezar era un poco más largo. Recordaba cada mueble, y de cada uno, cada objeto que en él se encontraba, y de cada objeto, todos los detalles, y de los detalles, una incrustación, una grieta o un borde gastado, los colores y las imperfecciones. Al mismo tiempo ensayaba no perder el hilo del inventario, hacer una enumeración completa. Es cierto que fue al cabo de algunas semanas, pero podía pasar horas nada más que con enumerar lo que se encontraba en mi cuarto. Así, cuanto más reflexionaba, más cosas desconocidas u olvidadas extraía de la memoria. Comprendí entonces que un hombre que no hubiera vivido más que un solo día podía vivir fácilmente cien años en una cárcel. Tendría bastantes recuerdos para no aburrirse.”

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Lo único que puede mejorar la lectura de un libro es hacerlo en un paisaje como este.

El túnel – Ernesto Sábato

“Pero cuando le propuse que nos escapásemos esa misma noche, se espantó, su rostro se endureció y dijo, sombríamente: “No tenemos derecho a pensar en nosotros solos. El mundo es muy complicado”. Le pregunté qué quería decir con eso. Me respondió, con acento aún más sombrío: “La felicidad está rodeada de dolor.”

Bartleby, el escribiente – Herman Melville

“Yo podía dar una limosna a su cuerpo; pero su cuerpo no le dolía; tenía el alma enferma, y yo no podía llegar a su alma.”

Señora de rojo sobre fondo gris – Miguel Delibes

“Yo mismo ignoraba como había solventado las dificultades que ahora veía resueltas en el cuadro. Me asombraba de mi propia maestría. Tan ajeno me sentía que de esas obras solía decir que las habían pintado los ángeles, que mi mano sólo había cernido de instrumento, de médium.”

Sin noticias de Gurb – Eduardo Mendoza

“Me despierta un ruido tremebundo. Hace millones de años (o más) la Tierra se formó a base de horrorosos cataclismos: los océanos embravecidos arrasaban las costas, sepultaban islas mientras cordilleras gigantescas se venían abajo y volcanes en erupción engendraban nuevas montañas; seísmos desplazaban continentes. Para recordar este fenómeno, el Ayuntamiento envía todas las noches unos aparatos, denominados camiones de recogida de basura, que reproducen bajo las ventanas de los ciudadanos aquel fragor telúrico. Me levanto, hago pis, bebo un vasito de agua y me vuelvo a dormir.”

Olvidado Rey Gudú – Ana María Matute

“Y así quedaron uno frente a otro, sin saber qué decirse. Y estaban callados, y como asombrados de ver algo que nunca habían visto; o escuchado algo que jamás habían oído; como si acabaran de descubrir lo que nadie antes de ellos había conocido nunca, aunque fuera tan conocido y tan distinto y tan viejo como el mundo.”

El mundo según Gurp – John Irving

“Garp descubrió que podía olvidarla; la lujuria, como la llamaba su madre, era engañosa en ese sentido. Y el tiempo, descubrió, había mitigado su disgusto por el labio torcido de Wanga; repentinamente le gustó. De modo que se acostó dos veces con ella y, como descubriría a lo largo de su vida, casi todo parece decepcionante después de que un escritor ha terminado de escribir algo.”

Mr. Vertigo – Paul Auster

“En el fondo, no creo que haga falta ningún talento especial para que una persona se eleve del suelo y permanezca suspendida en el aire. Todos lo llevamos dentro –hombres, mujeres y niños–,  con suficientes esfuerzo y concentración, todo ser humano es capaz de duplicar las hazañas que yo realicé cuando era Walt el Niño Prodigio. Tienes que aprender a dejar de ser tú mismo. Ahí es donde empieza, y todo lo demás viene de ahí. Debes dejarte evaporar. Dejar que tus músculos se relajen, respirar hasta que sientes que tu alma sale de ti, y luego cerrar los ojos. Así es como se hace. El vacío dentro de tu cuerpo vuelve más ligero que el aire que te rodea. Poco a poco, empiezas a pesar menos que nada. Cierras los ojos; extiendes los brazos; te dejas evaporar. Y luego, poco a poco, te elevas del suelo.”

Hijo de Satanás – Charles Bukowski

“Miró el sol. Hacía sólo 13 años que se había librado del trabajo de 8 horas. Ahora todo el tiempo era suyo. Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día. Casa noche. Era escritor. Escritor. Escritor. Escritor profesional. Había 12 millones de personas en los Estados Unidos que querían ser escritores. Él era escritor.”

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La lectura está tan interesante que no puede ni dejar el resto de los libros en una mesa.

El jugador – Fiódor Dostoievski

“Resulta curioso y ridículo lo mucho que a veces puede expresar la mirada de un hombre vergonzoso, morbosamente púdico, tocado por el amor, precisamente cuando este hombre preferiría que la tierra se cubriera bajo sus pies antes de decir nada o de darlo a entender con la palabra o con los ojos.”

Tiempo de silencio – Luis Martín Santos

“No llegaron a tiempo a la última guerra y con tanta paz y la alimentación floja que han tenido en la infancia, están poco seguros de lo que es una mujer y creen que es como un diamante que hay que coger con pinzas y que hay que hablar con ella antes en francés para averiguar lo que tiene dentro”.

Mortal y rosa – Francisco Umbral

“Estoy oyendo crecer a mi hijo. Un hijo es la propia infancia recuperada, la pieza suelta del rompecabezas. Lo que no viví en mí lo vivo en él, lo que no recuerdo de mí es él. Él es el trozo que me faltaba de mi vida. Yo soy el trozo que me faltaba de mi madre.”

La vuelta al mundo de un novelista – Blasco Ibáñez

“El artista sólo necesita ver una parte de la verdad. El resto de la verdad lo adivina por inducción, y las torres afiligranadas que levanta con su fantasía son casi siempre más fuertes y duraderas que los edificios de mazacote, escrupulosamente cimentados, que construye la grisácea realidad.”

Animal tropical – Juan Pedro Gutiérrez

“–Hay que cuidarse, Agneta. Uno se cuida a sí mismo, pero la posibilidad siempre sigue ahí.

–¿De qué?

–De meterte un balazo en la cabeza.

–Oh.

–A veces es terrible. La materia prima del artista es su propia vida. Eso es tremendo. Un escritor, por ejemplo, tiene que revolver su propia mierda. Y saca cosas de ahí.

–Lo imagino.

–Una persona normal deja que la mierda se seque. Y la olvida. Una persona normal se olvida de todas las mierdas de su vida. De las que le hicieron y de las que hizo. Deja que toda la mierda sedimente y se seque y ya no apesta más. Pero un artista convierte esa mierda en materia prima. Material de construcción. Hace esculturas, cuadros, canciones, novelas, poemas, cuentos. Todo apestando a mierda fresca.”

Trópico de cáncer – Henry Miller

“Le eché un polvo rápido y después le volví la espalda. Sí señor; cogí un libro y me puse a leer. De un libro puedes sacar algo, hasta de un libro malo… pero un coño es pura y simplemente una pérdida de tiempo.”

Pedro Páramo – Juan Rulfo

“Nunca quiso revivir ese recuerdo porque le traía otros, como si rompiera un costal repleto y luego quisiera contener el grano.”

El Aleph – Jorge Luis Borges

“Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré”.

La metamorfosis – Franz Kafka

“Todos los sacrificios que exigía la pobreza, ellos los cumplían con resignación.”

El jinete polaco – Antonio Muñoz Molina

“Me decía que iba a invitarla a una cerveza en el Martos, peor no me atreví, tan fácil como hubiera sido, y no sólo por miedo y casi la certeza de que me diría que no, sino porque era incapaz de concebir la posibilidad de que ocurrieran las cosas que más desesperadamente deseaba.”

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Según un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos, la comprensión lectora aumenta un 37% si leemos con una venda en los ojos.

Un mundo feliz – Aldous Huxley

“Bernard rió.

–Sí, “hoy todo el mundo es feliz”. Eso es lo que les decimos a los niños a los cinco años. Pero ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz… de otra manera? A tu modo, por ejemplo, no a la manera de todos.”

El libro del desasosiego – Fernando Pessoa

“La literatura, que es el arte unido al pensamiento y una elaboración sin la mancha de la realidad, me parece el fin hacia el cual debieran tender todos los esfuerzos humanos, si fuesen verdaderamente humanos, y no una superficialidad animal.”

Abierto toda la noche – David Trueba

“No estaba tan borracho como para desplomarse. Ni siquiera como para poder olvidar las palabras de Sara. No estaba tan borracho como él quería, es decir, hasta morirse”.

El artista adolescente – James Joyce

“Sufrir aunque fuera sólo la picadura de un mosquito por toda la eternidad sería un tormento espantoso. ¿Qué será, pues, el sufrir para siempre las múltiples torturas del infierno? ¡Para siempre! ¡Por toda la eternidad!”

Otoño en Pekín – Boris Vian

“Los pulmones del perrito despanzurrado por Agata Marion, que conducía, según su costumbre, sin mirar, tenían un notable color verde, tal como comprobó el funcionario barrendero, cuya ágil escoba lanzó la carroña por una boca de alcantarilla. Poco después, la alcantarilla empezó a vomitar y hubo que desviar la circulación durante algunos días.”

La conjura de los necios – John Kennedy Toole

“Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que trotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en plieguecitos llenos de reproche y de restos de patatas fritas. En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilly miraban a las demás personas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D.H. Holmes, estudiando a la multitud en busca de signos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión de algo nuevo o caso sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona. Podría proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto.”

El barón rampante – Italo Calvino

“–¿Por qué me haces sufrir?

–Porque te amo.

Entonces era él quien se enfadaba.

–¡No me amas! Quien ama quiere la felicidad, no el dolor.

–Quien ama quiere sólo el amor, aun a costa del dolor.

–Me haces sufrir adrede, entonces.

–Sí, para ver si me amas.

La filosofía del Barón se negaba a seguir por ese camino.

–El dolor es un estado negativo del alma.

–El amor lo es todo.

–Contra el amor ha de lucharse siempre.

–El amor no se niega a nada.

–Hay cosas que nunca admitiré.

–Sí que las admites, porque me amas y sufres.”

Ochenta y seis cuentos – Quim Monzó

“Cuando, una mañana, el escarabajo salió del estado ninfal se encontró convertido en un chico gordo. Yacía sobre la espalda sorprendentemente blanda y desprotegida y, si levantaba un poco la cabeza, se veía la barriga, pálida e inflada. El número de extremidades se había reducido de manera drástica y las pocas que sentía (cuatro, contaría más tarde) eran dolorosamente carnosas, y tan gruesas y pesadas que moverlas le resultaba imposible.”

La cuestión de Bruno – Aleksandar Hemon

“Pese a todo, se alegró de ir con ella por la autopista, el coche arrastrado con la corriente de los demás vehículos hacia el sumidero de la ciudad. Los edificios parecían aplastarse contra el cielo incoloro, como la parte de abajo del Tetris, salvo que no había rectángulos que bajaran para colmar los huecos angulares.”

Si te has quedado con ganas de conocer más libros que leer, puedes echar un ojo a mi artículo 11 inicios de relatos que debes leer al menos una vez en la vida.

 

 

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5 comentarios en “31 libros que leer antes de morir

  1. Me gusta vivir al límite, así que he apuntado aquellos que todavía no he leído para hacer crecer mi montón de pendientes a infinitos. Curiosamente, estoy leyendo el primero con el que inicias la lista, uno que llevaba años en mis pendientes.

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